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-Ciclo de Conferencias-
"El Psicoanálisis, hoy"

Conferencia:
"Anorexia y feminidad"
Juan Ventoso

¿Qué quiere decir esta irrupción de las anorexias en la actualidad?

Esta casi epidemia que parece tener, en este momento, las anorexias y las bulimias. Entonces la idea, les decía, es de ubicar esto, dentro de un conjunto más vasto, que sería este de los síntomas actuales de lo femenino; porque parece haber, al menos estadísticamente, una frecuencia mucho mayor de las anorexias entre las mujeres que entre los varones.

La cuestión es también, si podemos avanzar más allá del plano meramente estadístico, digamos, plantearnos si ciertos fenómenos de la clínica tienen un correlato con lo que llamamos la sexuación, la posición sexuada de los sujetos y, de que manera se interceptan entonces las anorexias con la sexuación y con la elección de la sexuación del lado femenino. Eso nos llevaría a apartarnos un poco de lo que sería la definición quizás más tradicional de la anorexia, que esta bastante en consonancia con como aparece clasificada por ejemplo en el DSM IV:

Como un trastorno de la alimentación. Recurriendo al término trastorno, es más fácil clasificar desde lo fenoménico este tipo de, cómo llamarlo, son síntomas. En principio, me parece que hay un acuerdo bastante generalizado en los analistas en que, la anorexia como tal, no define una estructura, un tipo clínico. Podemos encontrar anorexias tanto en las neurosis, en las psicosis, especialmente alrededor del momento del desencadenamiento, como en las perversiones.

El término enfermedad , no nos ayuda demasiado y en cuanto a definir a la anorexia como un síntoma.

También encontramos algunas dificultades, por lo menos, en lo que sería la definición de síntoma analítico, de síntoma bajo transferencia, por ahí después podemos incursionar un poquito más en eso, o por ahí podemos hacerlo ahora.

Digamos de hecho no es para nada frecuente que un sujeto consulte a un analista a partir de un síntoma de anorexia. Más bien, lo que nos encontramos en la práctica, es que suele ser la angustia de los familiares la que lleva a pedir una consulta; que el sujeto, la mayoría de las veces, no experimenta ningún tipo de problemas con respecto a la anorexia. A veces, también encontramos que, en alguien que viene haciendo un análisis, o que está en entrevistas preliminares y, a veces, durante un largo tiempo, aparece un poco sorpresivamente y, de manera lateral, el tema que hay presente una problemática de anorexia y que no es presentada como tal por el sujeto mismo. Es más, mientras la anorexia es exitosa podríamos decir, mientras que el sujeto siente que puede controlar la ingesta de alimentos, más bien da una sensación casi de omnipotencia, de control; no trae absolutamente ningún tipo de problemas eso, es más bien cuando fracasa esa posición que algo de eso empieza a poder ser dicho.

Pero bueno, les decía que tenía interés de transmitirles algunas de las puntas que estuvimos investigando en estos años en el Departamento y me planteé tres puntos básicos sobre los que me quisiera detener un poco para que después podamos conversar.

El primero de ellos, tiene que ver con lo que, fenoménicamente, entonces aparece caracterizando a la anorexia como un trastorno de la alimentación.

En cierto punto, podríamos decir que esa definición es conciliable con una cierta perspectiva freudiana, la de enfocar lo que sería el trastorno de una función del yo.

Ustedes saben que ha tomado así, por ejemplo, las inhibiciones, pero también si recordamos los trastornos psicógenos de la visión, para hablar de cierto tipo de síntoma histérico, de la ceguera histérica. Podríamos decir que es el enfoque del síntoma a partir del trastorno de una función del yo, esta es al parecer, en este punto, la perspectiva freudiana que tomarían en el DSM IV, con el problema de definir entonces, esto, a partir de la función de alimentación, de una función que se supone que está adaptada a la conservación de la vida y que es seriamente puesta en entredicho a veces por la anorexia.

Frente a esto, podríamos oponer, una concepción lacaniana. Podríamos decir, me parece que es uno de los enfoques más conocidos y más divulgados por parte de Lacan, del tema de las anorexias que es el que figura, por ejemplo, en La Dirección de la Cura donde, se ha hecho de esto casi un lugar común, de decir que ‘no es que el anoréxico no coma nada’, sino que, positivizando eso, decimos que come nada, es decir que esa nada adquiere un valor positivo, estratégico y hasta podríamos decir político en relación al Otro.

El ejemplo que toma ahí Lacan es - un poco paradigmáticamente - el de la anorexia infantil, esa es otra perspectiva sobre la anorexia podríamos decir, casi uno de los síntomas típicos de la neurosis infantil, algún trastorno del apetito, por el lado de una anorexia, más o menos parcial, mas o menos global, selectiva, etc., donde lo que señala Lacan es como se trata de toda una maniobra por parte del sujeto, del niño digamos en ese caso, con respecto al Otro adulto. Una maniobra que pone en jaque al Otro que es generalmente a la madre, y pone en jaque la omnipotencia de ese Otro.

No sé si recuerdan la precisión que hace ahí Lacan. Diferenciando necesidad, demanda y deseo y como señala los síntomas que surgen, digamos cuando estos diferentes niveles quedan trastocados, es decir, frente a la madre que está muy preocupada por satisfacer las necesidades del niño, donde queda, podríamos decir, ignorada la diferencia radical que hay entre la satisfacción de la necesidad y lo que es la demanda de amor.

Cuando queda aplastada la demanda de amor por la satisfacción de la necesidad, ahí surge, en esa coyuntura surge, por ejemplo, la anorexia, el niño rechaza el alimento, rechaza la satisfacción de la necesidad para hacer valer una nada que agujerea al Otro de la satisfacción de la demanda. Agujerea a la madre, digamos, en ese caso.

Y no es porque la madre no tenga amor por la criatura, al contrario. Lacan subraya, es el niño alimentado con más amor el que se encuentra expuesto a este tipo de situaciones. Pero es un amor, digamos, que queda pegado a que la madre procure darle a ese niño todo lo que tiene para darle. Es un amor del lado de dar lo que se tiene. Ofrecer lo que se tiene y atiborrar con lo que se tiene.

No es sólo una problemática de las madres. Hay hombres que hacen exactamente lo mismo con una mujer. Por ejemplo, le ofrecen todo lo que tienen, y atiborran con lo que tienen, justamente para no dar lo que no tienen. En lugar de dar la falta, de ofrendar su castración, dan el falo mas denigrado, bajo la forma de los bienes. Bien, eso crea anorexias o crea que sé yo, una bella carnicera, por ejemplo, conocen el caso de Freud, en realidad es el recorte de un sueño, del que Lacan hace un caso.

Entonces, es una articulación bastante delicada la que propone ahí Lacan. Porque es un anudamiento entre necesidad, demanda y deseo. La necesidad de preservar la separación entre la necesidad y ese mas allá que es la demanda de amor, pero, porque en ese hueco que se abre entre la satisfacción de la necesidad y lo que es la pura demanda de amor, en ese hueco habita el deseo.

En el mismo momento donde se aplasta ese intervalo queda aplastado el deseo.

Entonces lo que está en el horizonte de la cuestión, es el deseo de la madre.

Una traducción un poco anecdótica, un poco imaginaria de eso, sería decir que el niño que se rehúsa a comer, le está diciendo a la madre:- ¡ desea algo más allá de mí! - .

Al rehusarse, en ese acto por el cual agujerea a ese Otro materno, es un llamado a que la madre sea deseante, deseante mas allá de él, no ser él lo que tapona el deseo de la madre, porque en ese mismo punto, queda en impasse el propio deseo del niño, es el riesgo de ser devorado por la madre podríamos decir.

Esta perspectiva que abre Lacan en La Dirección de la Cura va a ser retomada y precisada más lógicamente todavía en el Seminario 11, cuando se ocupa de la causación del sujeto y habla de alienación y separación como tiempos necesarios.

Conocen la lógica esa, un poco circular pero no del todo que arma Lacan ahí en ese punto donde plantea que es necesaria la alienación, es decir, que el sujeto se constituya en torno a los significantes en el campo del Otro, pero, que es necesario también que esa operación, que culmine en un segundo momento de separación, donde haya ese hueco en el Otro, que es la garantía, podríamos decir, que el sujeto sea, un sujeto separado, un sujeto deseante, que paradójicamente en algún punto pueda encontrar su propio lugar, en ese hueco en el Otro, por ejemplo que no todo sea sabido, dicho etc., por la madre.

En esa dialéctica, la anorexia es una estrategia de separación, la nada esa, ese objeto nada donde Lacan a diferencia de Melanie Klein no plantea que el objeto oral sea el pecho, sino mas bien esa nada, eso que se pierde en el destete, lo que tiene de activo el destete, cuando el niño larga el pecho. Esos pequeños momentos de desprendimientos donde juega con el pezón y lo larga, prefigura separaciones que vendrán después como el famoso juego del carretel. Ahí hay un juego donde es un momento crucial el poder instaurar esa línea de clivaje, de separación, de corte entre el niño y el Otro. El sujeto juega ahí con esa nada para separarse y juega a hacer surgir esa nada en el Otro.

Ahora bien. Estos son tiempos de la causación del sujeto, del surgimiento del sujeto en el campo del Otro. Pero, me parece que ahí podríamos hacer un cierto contrapunto entre lo que podría ser la posición histérica y la posición anoréxica, porque, de algún modo, me parece que uno de los efectos que ha tenido la enseñanza de Lacan también es aproximar muchísimo anorexia con histeria, siempre y cuando no sea una psicosis o una perversión.

Este año nos propusimos, en realidad, le dimos como título a la investigación lo que excede a la histeria para plantear que hay, en efecto, una especie de terreno común entre anorexia y lo que podríamos llamar histeria tradicional, los síntomas de conversión. Pero, también el discurso histérico no solo la histeria como tipo clínico, sino la histeria como discurso, que hay algo, algunas cosas en las anorexias que exceden a la histeria así definida, y que tal vez, eso que excede en parte, sea como bastante definitorio de esta época.

Retomando un poco, decía que de alguna manera, la histeria también juega sobre la separación. Juega a esa estrategia de hacer surgir el deseo.

Les evocaba antes a la bella carnicera, porque me parece, que es paradigmática en ese punto, y además, hay cierta proximidad ahí también con la cuestión del alimento, del objeto oral, del rechazo.

Se acuerdan que decía me gusta el caviar, el salmón etc. pero no, no lo quiero; lo que quiero es desearlo, no que me lo den.

Hay una proximidad interesante entre la estrategia histérica para sostener el deseo como insatisfecho y la estrategia anoréxica. Pero, me parece que podemos decir, me gustaría que lo discutamos esto después, que la histérica aunque juega sobre el plano de la separación, es aliada del discurso del Amo, del discurso del inconsciente, juega la separación que supone la alienación previa, ha pasado por la constitución en torno al discurso del Amo y a los significantes amos. Después en un segundo tiempo los cuestiona, los interpela.

Es tan aliada del discurso del Amo y del discurso del inconsciente, que para Lacan en algún punto son exactamente el mismo, que la histérica fue totalmente solidaria del descubrimiento del inconsciente, a su modo cuestionador. Pero permitió, justamente, efectuar el descubrimiento del inconsciente por parte de Freud.

No sé si podríamos decir lo mismo de las anoréxicas. No parecen tan aliadas del discurso del inconsciente, ni del dispositivo analítico; mas bien, refractarias a eso. Lo cual plantea, desde ya un problema en nuestra práctica. Una cuestión de cuál es la estrategia por la cual se podría plantear una entrada en análisis, de alguien que se presenta del lado de una anorexia, digamos.

Pero además, un problema teórico, porque es como si jugara a una separación, pero una separación que es, de alguna manera, lo opuesto a la alineación. Es una separación que puede llegar, no siempre, por suerte, puede llegar a un punto de absoluto, de radical ruptura con el Otro, con el Otro de la palabra, con el Otro del inconsciente, incluso con el Otro paterno.

Que ha hecho pensar a algunos analistas, dentro de esta dificultad del diagnóstico que plantea la anorexia, muchas veces han sido colocadas del lado de las psicosis o de la perversión.

Cuando se duda un poco acerca de qué estatuto tiene ese rechazo, se puede dudar si es una forclusión o si es una renegación. Ahí hay que ver caso por caso, para no confundir lo que puede ser un síntoma que surge en el desencadenamiento de una psicosis de lo que puede ser una problemática ligada a la neurosis, podríamos decir, en un sujeto que en todo lo demás se plantea como neurótico.

Esa fractura, ese rechazo del Otro, lo podemos enfocar, me parece, desde la perspectiva del sujeto mismo o desde la perspectiva de la época y de los discursos en la época. Por lo que he podido ver, los colegas que me precedieron, acá en este lugar han hablado de eso, han hablado bastante, han hablado de la globalización, de los mercados, que son los términos con los que hoy en día sustituimos a lo que decía Lacan en los años 70’, que decía discurso capitalista.

Era otra época. Hoy en día parecería que eso estuviera un poco perimido. Hoy en día hablamos de mercado, de globalización. Pero, tal vez en ese punto, nos podríamos preguntar si lo que en la época freudiana, solía presentarse como una problemática del cuerpo, la conversión histérica, hoy tiende a presentarse bajo otro estatuto del cuerpo, un cuerpo donde, no es tan evidente que sea un cuerpo que hable, sino que más bien parecería estar en primer plano la imagen del cuerpo, el estatuto imaginario del cuerpo.

Tal vez sean nuevas formas del síntoma, junto con las toxicomanías, por ejemplo, como síntomas muy ligados a la prevalencia del consumo.

El mercado de alguna manera lo que hace es regular el goce para todos. Es engañoso porque pareciera que el mercado ofrece una gran variedad de maneras de gozar, multiplicidad de objetos, de gadgets, como decía Lacan, de artefactos técnicos, donde pareciera que hay para todos los gustos. Además hay una pluralidad de estilos de vida admisibles, cada vez mas, no tenemos ya paradigmas estrictos de cómo es la normalidad y qué cosas se apartan de ahí, sino que parece haber lugar para todo el mundo, con sus formas de gozar.

Sin embargo, por otro lado, cuando hablamos de globalización, parece que lo que indicamos es ese aspecto de uniformidad tiránica que hay bajo esa diversidad fenoménica, como si hubiese una forma superyo del capitalismo, que dijera: - ¡Gocen como quieran! - .

Siempre y cuando estén dentro del sistema. Siempre y cuando el plus de gozar esté encarnado en algún objeto del mercado, con esa sola condición, está abierta la pluralidad de maneras de gozar.

Tal vez en ese punto, tanto las adicciones como las anorexias sean algo así como patologías del consumo que, por un lado, se inscriben dentro de ese superyó consumidor, porque son efectivamente pautas de consumo y definen al sujeto por lo que consumen o por lo que se rehúsa a consumir y, por otro lado, tal vez, en la anorexia sea un poco mas claro eso.

En las adicciones es más bien esta cuestión de marginarse con respecto a los objetos de consumo legalizados. Podríamos decir, es buscar consumos por otro lado que objetan a lo que es el consumo para todos; es buscar grupos de referencia marginales y modos de consumo que sean marginales con respecto a ese consumo para todo el mundo.

Es decir que me parece que son síntomas, que dan cuenta tanto del discurso imperante, como que plantean ciertas objeciones. Desde esa perspectiva, aparecen más bien, como síntomas sociales.

Hay que ver si de ese síntoma social se puede hacer un síntoma para el sujeto. No parece fácil, para nada. Es más, diría que no, que si puede surgir un síntoma, es en la medida en que pierda un poco de peso ese síntoma social. Tiene que ser algún síntoma lateral que surja por otro lado.

Así que ahí está toda la dificultad de definir esta problemática como un síntoma. Podríamos, por otro lado, decir que es un síntoma, en tanto una forma de goce, una forma de gozar.

Si definimos al síntoma exclusivamente como una forma de gozar, podríamos decir que es un síntoma. Como una forma de gozar además que suple a la forma de gozar que no hay, que no hay para nadie, que sería la relación sexual.

Ahí donde falta el partenaire adecuado, cada cual inventa el partenaire que puede. Uno de esos partenaire puede ser el objeto nada o la droga. Además son partenaire que, en general, esquivan todas las complicaciones del amor, de la demanda, de la palabra, de los malentendidos; es una ventaja.

Freud a veces decía: - Bueno. Por qué los hombres, era un poco cínico a veces, por qué los hombres pueden elegir una mujer en lugar de una botella de alcohol? -.

Con todas las complicaciones que trae una mujer en relación con las ventajas que puede tener una botella de alcohol. No está muy claro eso, ¿por qué? ¿Por qué meterse en las complicaciones del amor y de pasar por el circuito del Otro, cuando el goce autoerótico, y al fin de acabo, todo goce es autoerótico, podría perfectamente satisfacerse de la misma manera con una botella que con una mujer?

Al nivel de la pulsión, no hay ninguna diferencia. Ese es el punto cínico. Si hay diferencias es por otro lado, por la cuestión del deseo, del amor, pero, de la perspectiva exclusivamente del goce obtenido, no es muy seguro que haya grandes diferencias. Esa perspectiva cínica, me parece que es totalmente consonante con el mercado, que ofrece falsos partenaires.

Lacan decía también, bueno se tiene un coche como se tiene una falsa mujer, los varones obsesionados con la limpieza del coche, con el brillo con el último modelo con el último toque y adornito, la fetichización del coche, puede ser una manera de tener una falsa mujer. Y las mujeres se suelen quejar cuando están al lado de algún hombre con estas características, porque se sienten un poco descuidadas en relación a ese partenaire al que el hombre le dedica gran parte de su libido. Con eso prospera el mercado.

Entonces, este es el primer punto, una separación del Otro, una separación del inconsciente, pero, donde hay un punto a discutir ahí. Si esto hay que enfocarlo exclusivamente como una defensa del sujeto o si esto ya forma parte de un discurso que en sí mismo rechaza el inconsciente, rechaza las cuestiones del amor, las complicaciones de la verdad y dice, incluso, rechaza o desvaloriza al menos, los temas de los ideales, de las identificaciones.

Ya no importa tanto el dime con quién andas y te diré quién eres. Ni dime qué ideal tienes y te diré en qué grupo te puedes inscribir, sino, dime con qué gozas y te diré quién eres.

Así se forman los clubes de maneras de gozar y a veces respondemos a eso con terapias que siguen la misma lógica, tenemos las terapias para los alcohólicos, las terapias para los anoréxicos, las terapias para los ataques de pánico. Me parece que en ese punto le hacemos el juego al discurso imperante y a las segregaciones que produce. El otro tema de eso es el individualismo, el rechazo del Otro, no es ni más ni menos que la contrapartida del individualismo.

Recuerdan cómo escribía Lacan el discurso capitalista, cómo una variante del discurso del Amo:

En el discurso del Amo el sujeto está identificado a los significantes del Otro, es este S1 para otro significante, el significante del saber, S2. Bueno. Al tratarse de matemas podemos darle varias lecturas posibles. Una lectura posible es esta del saber, el saber inconsciente. Va a ser un sujeto articulado a un significante que lo representa frente al saber del inconsciente, y de ese saber del inconsciente va a obtener un cierto plus de goce. Lacan acá plantea una separación.

Cuando escribe el discurso capitalista, invierte este lado S, Lacan propone otro.

Funcionamiento, el funcionamiento del mercado. Acá S ya no es mas un sujeto

Representado por un significante, antes si, sino que el sujeto tiene la aspiración de valer por si mismo. Es el individuo, acá tendría que tacharse la barra de la división subjetiva, porque hay un uno acá abajo que le da consistencia; es el sujeto que se cree el único, el que se hizo a sí mismo, el self me make, el orgullo de decir no le debo nada a nadie, me hice a mí mismo. Con eso se alimentó el capitalismo es mas rechaza saber que está sostenido en un S, no quiere saber nada de eso.

El S1 está articulado al S2 de esta manera rara, con una flecha cruzada. Este saber ya no es el saber del inconsciente, el saber que juega en el mercado, Lacan decía el mercado es un mercado del saber...

(Pregunta con relación al lugar de la verdad):

J.V.: La verdad está rechazada, el lugar de la verdad está rechazado, la flecha indica un sujeto que no esta sostenido en la verdad, sino que la rechaza.

Y en cuanto al saber, el saber que vale hoy en día el que se cotiza en el mercado, no es el saber del inconsciente eso es obvio. Es el saber que cada vez es acumulado más por unos pocos.

Hoy día diría que ni siquiera es el saber de la técnica, porque por lo menos la técnica alineada a la industria está totalmente devaluada, sino me parece que es el saber del mercado financiero, es el exponente máximo del saber que se cotiza ¿qué quiere decir? Saber cómo producir dinero con dinero, eso es lo que vale, ni siquiera cómo producir objetos, sino que ya estamos al nivel mas que de la reproducción de los objetos, estamos al nivel de la clonación, como hacer mas de lo mismo con lo mismo, reproducir dinero con dinero.

Eso y el inconsciente parecen bastante incompatibles. De todos modos, el mercado produce objetos, que son los que hablábamos antes, que nos venden todo el tiempo, con los que nos seducen, y que aparecen como aquellos que podrían venir a colmar la división subjetiva, nos vende ese espejismo, porque, al fin y acabo, sabemos que al rato aparece otra vez la insatisfacción y la búsqueda de un nuevo objeto. Si fuera verdaderamente un objeto que colma se acabó el juego, el capitalismo se sostiene de la insatisfacción, pero con objetos que se presentan como si pudieran obturar la división subjetiva.

(Pregunta inaudible):

J.V.: A ese punto quería ir ahora, al del cuerpo como tal.

De todos modos, para detenerme un poquito más en este punto. Me parece que vemos ahí como cierta ambigüedad que tiene esto, en el caso de la anorexia, porque, si esto es un síntoma social, es porque justamente en un punto, la anorexia cuestiona el funcionamiento de este discurso. ¿Por qué lado me parece que lo cuestiona y me parece además que se articula a una posición femenina? Por el lado que elige privarse.

En el Seminario 17, cuando Lacan justamente se plantea el tema de los discursos, de la época, de esa época que ya era la nuestra, también hace toda una revisión de la histeria, formaliza el discurso histérico, introduce cambios fundamentales en su manera de enfocar la histeria y uno y único en el que quisiera detenerme hoy es que pasa de privilegiar el deseo insatisfecho en la histeria por una problemática que tiene que ver no tanto con el deseo sino con el goce, de qué goza la histérica, y ahí pone el acento en el goce de la privación.

Por el lado del deseo insatisfecho, la histérica como les decía antes, parece totalmente solidaria del inconsciente, del deseo inconsciente, es la histérica simpática, la bella carnicera. Por el lado del goce de la privación, ya no es tan simpática, porque puede aparecer una ferocidad, ya no es el jugueteo con un poquito de caviar, un poquito de salmón, sino que en ese terreno se puede avanzar mas decididamente.

Hay un libro de Eric Laurent, "Posiciones femeninas del ser". En realidad es la transcripción de un seminario de hace ya unos cuantos años, donde se detiene en este tema del goce de la privación. Hace toda una interpretación de eso, que en Lacan, son como algunas indicaciones nada más.

Laurent señala cómo se ve ahí resurgir lo que en Freud aparecía como el tema del masoquismo femenino, las mujeres que buscan su mal, su propio malestar. Parecen animadas por un deseo de castigo, de buscar el displacer. Esto encarnado por ejemplo en la relación con algún partenaire, con un hombre que las pueda golpear, maltratar, etc.

Esto dio para toda una literatura analítica en torno a si las mujeres eran o no masoquistas. Podríamos pensar el masoquismo mas bien del lado del fantasma, incluso en un fantasma masculino, como dice Lacan.

Una de las maneras de pensar eso es cómo una mujer puede amoldarse a tener un cierto lugar junto a un hombre, aunque sea el lugar de ser maltratada, con tal de tener un lugar. Pero hay algo mas, dice Laurent, y es que en una mujer puede despertarse este goce de la privación que puede tomar a veces un carácter sacrificial, el renunciar a los bienes, renunciar a todo lo que sea del orden del tener, pero porque a través de ese sacrificio, de esa renuncia... ustedes saben que a Lacan le interesó en algún momento el potlach, esa práctica de algunas sociedades donde hacían una especie de competencia anual para ver quién destruía mas posesiones.

Entonces se juntaban, la gente que quería tener mas prestigio social hacia todo lo contrario de lo que hacemos hoy en día que es acumular bienes. No era ver quién tiene mas, sino ver quién puede destruir mas.

Hay algo en las mujeres que puede ir en esa dirección, no del lado del propietario masculino que quiere tener, sino el lado femenino de decir que lo esencial de la posición femenina, no va por el lado del tener, y para subrayar que no va por el lado del tener, es posible sacrificar el tener.

Me parece que hay algo de eso en la anorexia. Ese avance en el sacrificio del tener, incluso del tener un cuerpo, de tener formas femeninas.

Todo lo que se supone que sería el ser femenino desde una cierta perspectiva, es como si se pudiera avanzar en la línea de sacrificar eso para buscar por otro lado, el ser femenino, un ser que no esté ligado ahí, a ese tener, tener formas, formas deseables para los hombres. Digamos, no del lado de la mascarada que está destinada a engañar el deseo de los hombres, es más una cuestión entre mujeres.

Las mujeres se suelen fascinar con otro tipo de mascaradas que no son las mascaradas que les encantan a los hombres, son mas bien máscaras que dejan vislumbrar que habría nada por detrás, otra vez el nada, una especie de vacío muy sugerente, que cuando una mujer sabe evocar eso, fascina a otras mujeres.

Claro en la anorexia no parece algo que se detenga en ese punto de evocar una nada, de ofrecer un semblante, una especie de velo que deje entender que, por detrás o hay una maravilla o no hay nada, sino que mas bien es la nada que avanza, se hace visible y a veces parecen cadáveres caminando, como si fueran la muerte misma sin ningún velo, otro tema no?

La femineidad y la muerte. Miller decía en algún lugar de las anoréxicas, vírgenes negras, que me parece que es una caracterización incluso, fenoménica. Vírgenes por el lado de cierto rechazo de la sexualidad fálica, del encuentro con el hombre me parece, de mantener una especie de pureza, pero una pureza virginal ligada a la muerte, por eso el negro, el color negro que muchas veces esto en las vestimentas aparece por las preferencias de elegir los colores negros, de lo virginal, asexuado

-También tiene una connotación erótica.

J.V: Si, es el erotismo mortífero, es ese borde entre el Eros y la muerte, no es el lado de la vitalidad fálica, de las formas plenas que despiertan los fantasmas de deseo sino que es algo de la pulsión de muerte, de la belleza. Es bastante frecuente que en las sujetos que están en posición anoréxica, haya una valorización de lo estético, de lo bello. De esa estética, de esa estética particular que es como un velo de la muerte.

Por ese lado me parece que vamos al tercer punto que es donde me parece que se pueden tocar los temas de la anorexia y la cuestión de la femineidad y de los semblantes de lo femenino, de las imágenes y los símbolos de la femineidad.

Fundamentalmente, me interesaba subrayar el tema de la imagen del cuerpo imaginario y de la mirada, todos los rituales frente al espejo, porque desde esa perspectiva, incluso una colega Alejandra Eidelberg, que trabajó más ese punto, Nieves Soria también, proponían que, tanto como decimos trastorno de la alimentación, se podría decir, trastorno de la percepción del cuerpo. Y bueno ha habido incluso líneas dentro del psicoanálisis que han enfocado a la anorexia dándole prevalencia a eso mas que al tema alimenticio digamos y de la falta de apetito por decir así.

En ese sentido me parecía que se podría, en primer lugar, oponer la mascarada fálica, destinada a suscitar el deseo del hombre a esta otra máscara de la muerte, de un erotismo ligado a la pulsión de muerte en la anorexia.

No es casual que el momento del desencadenamiento suele ser en los alrededores de la pubertad, en el momento que se producen las transformaciones corporales, donde aparecen las formas, los caracteres sexuales secundarios, la menarca.

La anorexia parece destinada a negativizar eso que vino a agregarse a la imagen del cuerpo. Especialmente suele ser bastante frecuente que se narren momentos de angustia frente al encuentro con la mirada de los hombres. Puede ser la mirada de los hombres por la calle por ejemplo, que recorta alguna forma fálica en el cuerpo y como si la sujeto reaccionara frente a eso introduciendo el (–fi). Menos, un signo menos, pero es un signo menos que puede avanzar muchísimo, hasta el esqueleto, como si no bastara con adelgazar sino que habría que eliminar la carne misma. Lo suelen decir así además, textualmente, una paciente me lo decía el otro día, "...quiero experimentar el vacío, no soporto la sensación de estar habitada por alimentos, no me los puedo sacar de encima...", lo decía de la comida, en realidad lo decía en femenino, decía "...no me la puedo sacar de encima...", cuando le repetí la frase, me dijo: - Sí, igual que a mi mamá -. Pero se trata de la comida, como si no hubiera metáfora ahí. Esto puede avanzar hasta una necesidad de eliminar la carne.

- una paciente decía que aparezcan los huesos...

J.V: Si, si, es eso. La carne al fin y acabo es una buena metáfora de todo lo que remite al goce, al deseo, a la sexualidad, es como si se buscara el cuerpo muerto, vaciado del goce de la vida, del goce viviente y del falo que, de alguna manera es lo que representa la intrusión de la vida y el goce del cuerpo. Por eso también lo de vírgenes negras, esa presencia negativizante de buscar el cuerpo muerto, lo más bello es el cuerpo muerto.

Desde esa perspectiva podemos pensar la anorexia como una defensa, una defensa frente a la angustia que experimenta el sujeto cuando se ve confrontada al deseo del Otro, al deseo del hombre. Encontré algo que decía Lacan en el Seminario 10, el seminario de La Angustia, si les interesa es en la clase del 3/7/63 habla de Kierkegard y dice:

"... Por eso Kierkegard puede decir algo singular y profundamente justo, que la mujer es más angustiada que el hombre...".

Antifreudiano, podríamos decir, ahí donde Freud decía el hombre angustiado por la castración, las mujeres no porque ya no tienen de entrada. Desde la perspectiva kierkegardiana, dice, la mujer más angustiada que el hombre. ¿Cómo sería esto posible, dice Lacan, si en ese nivel central la angustia no estuviera hecha precisamente y como tal de la relación con el deseo del Otro? El deseo, en cuanto es deseo de deseo, es decir, tentación, aquí en su corazón, nos devuelve a dicha angustia a su función más original.

Es decir, la angustia más original es la angustia que surge de confrontar el deseo del Otro, la tentación. Y esta presencia de la tentación, en los momentos de desencadenamiento de las anorexias es constante, sea la tentación que presentifican los hombres, sea la tentación que muchas veces aparece por el lado del padre o de alguna figura paterna, que aparece como la versión actual, podríamos decir, del padre seductor freudiano.

El padre que por ejemplo observa a la hija mientras se está bañando y a partir de ahí ella empieza a tratar de borrar las formas del cuerpo; el padre que le saca fotos y donde ella adivina, digamos, en esa perversión paterna, toda la cuestión del deseo y del goce dirigidas hacia ella. En ese mismo punto parece surgir la defensa anoréxica, en lugar del síntoma histérico, la anorexia.

Tenía un último punto que lo dejo sin desarrollarlo, que es el tema justamente de la ferocidad anoréxica de esto que excede, que excede podríamos decir a la temática del deseo insatisfecho, que va para el lado de la privación, del goce de la privación y que tal vez, un grupo de la gente que está trabajando en el departamento de investigación propuso llamar a eso el fundamentalismo anoréxico.

Es decir, había una pequeña viñeta que esto si se los cometo de una persona que concurre a una médica, que es analista también, para que le dé, le recete un medicamento, unos minerales como complemento, único complemento que aceptó tomar para no avanzar en el estado de desnutrición en el que estaba. Acepta tomar esos minerales siempre y cuando no la engorden.

La médica le asegura que son sólo minerales y que con eso no va a engordar. Al día siguiente cuando va al hospital a trabajar encuentra a esta paciente indignadísima esperándola en la puerta del consultorio. Prácticamente le arroja el prospecto del medicamento en la cara y le dice: - ¡usted me engañó, usted me mintió, mire lo que dice acá! -. Y decía algo así como este medicamento contiene, el excipiente del medicamento contiene 0,05 mg de azúcar para hacerlo soluble en agua.

¿Dónde se ve el aspecto fundamentalista? Bueno, salta a la vista, pero esta gente de este grupo proponía formalizarlo un poco y es en un sin excepción. Una ley no-fundamentalista es una ley que acepta excepciones, incluso es una ley, cuando es encarnada por el padre sobre todo, es una ley que puede hacer un poco la vista gorda para seguir en la línea... una anoréxica digamos, en estas características, sería la que no podría hacer la vista gorda que no admite absolutamente ninguna infracción a una ley que diga, no comer nada que engorde, ni siquiera 0,05 mg.

Cuando es una ley absolutamente sin excepción, un para todos pero que es un falso para todos, porque siempre que se arma un para todos, más o menos simbólico, sabemos que siempre va a ver quienes no se ajusten perfectamente al para todos, y lo dejamos pasar.

En cambio cuando se empieza a vigilar, que uno por uno, sin excepción cumpla la ley, ahí entramos en la perspectiva fundamentalista.

Entonces la idea que proponía, que a mí me parece interesante, este grupo de investigación es enfocar así la ley superyoica a la que estaría sometida la anorexia. Una ley que dice no hay ningún x para el que no se cumpla esta ley.

(Pregunta inaudible)

J. V.: Freudianamente sí, lacanianamente no tanto. La perspectiva freudiana acerca de lo femenino sí es plantearlo como excepción.

El caso Juanito, digamos sí la premisa fálica dice para todo el mundo rige el tener pene. Ve el cuerpo de la madre, tiene una visión aproximativa de eso y dice, hay una excepción, esa excepción desarma el universal fálico.

Sin embargo, la perspectiva lacaniana no es esa exactamente. Sería mas bien, no sé si conocen las fórmulas de la sexuación, es un poco complicado, no es un tema como para desarrollar en poco tiempo, pero vamos a hacer una aproximación, porque me parece importante la intervención, pero justamente para situar que esa ferocidad podría estar paradójicamente del lado femenino.

Tomemos el lado hombre y el lado mujer. Del lado hombre, la lógica que rige la posición masculina, la sexuación masculina es la lógica edípica. La lógica edípica es la del para todos, para todos vale la función fálica. Esto Lacan lo escribe lógicamente así:

Para todo x, supongamos que x es cualquier ser hablante, para todo x, para todo ser hablante, vale la función fálica, sea hombre, sea mujer: x x

Con una excepción y no la voy a tomar por el lado femenino sino por el lado del padre. Podemos encontrar al menos un x, existe un x para el cual no es válida la función fálica (la barra indica negación):

Con esto se puede explicar lógicamente el mito freudiano de Tóten y Tabú. Todos los varones de la horda están sometidos a la castración, menos el padre que es el que puede gozar de todas las mujeres.

Pero lo podemos tomar en cualquier situación cotidiana, como por ejemplo, si ustedes quieren formar un grupo, es decir, un conjunto de x, les hace falta tener al menos una x en un lugar diferente, que sea por ejemplo el líder, o que sea un tema, un tema de trabajo anorexia , algo que funcione como un elemento que hace excepción, que no se puede al mismo tiempo contar pero que si, gracias a que existe este elemento, estos forman un grupo, pero al mismo tiempo este elemento no se puede contar como uno más grupo sino que es la excepción, es la dialéctica del contarse y al mismo tiempo descontarse. Es tanto un –1, podríamos decir, que queda excluído, y como una especie de +1, porque viene en más y a cerrar el grupo. Esto es lógica masculina. El –1 puede ser una mujer, la madre, que ve que está castrada.

No se ve muy bien porque Juanito no diría bueno pero la excepción confirma la regla, todos tenemos falo menos ella, no hay ningún problema, al revés, que haya esa excepción, a mí me confirma la regla.

La lógica femenina propiamente Lacan la escribe de otro modo, no así. Es la imposibilidad de formar cierto grupo. No toda x, para no toda x rige la función fálica:

Esto tiene dos lecturas posibles, esto puede querer decir, no es posible formar el conjunto de todas las mujeres, pero además cada una es no - toda. ¿Por qué? Porque hay algo en ellas, hay un goce que no está regido por el goce fálico y que siempre descompleta la formación del todo. Al mismo tiempo correlativamente no puedo formar el todo acá ( ) y no tengo la excepción acá ( ) No puedo construir del lado femenino, esta lógica de un elemento por fuera que cierre el conjunto.

No hay excepción, entonces. Cualquier cosa que querámos decir de las mujeres, nunca lo vamos a poder decir de las mujeres en su totalidad, va a haber que tomarlas una por una.

Es decir, no existe una, pero hay que tomarlas una por una2. Son, podemos hacerlas como un conjunto, pero es un conjunto paradójico, es un conjunto abierto, sin bordes, si queremos decir algo, verificar algo ahí, tiene que ser una por una. Por eso Lacan decía que un fantasma muy adecuado en esta problemática es el mito del Don Juan, que se supone que va armando la lista de las mujeres pero van figurando una por una, y pueden ser contadas, es un fantasma que engancha mucho en las mujeres y que es correlativo de esto, no hay un saber totalizado de lo que es ser mujer.

Paradójicamente, tendríamos un efecto que podría ir para el lado del fundamentalismo en las mujeres, acá ( x x), no es el padre de la tribu freudiana, es esta especie de ferocidad del uno por uno, siempre y cuando se olvide de este uno por uno.

Por ejemplo un padre que le diga al hijo: - mirá cuando termines de jugar, que es un ejemplo que daba Indart en sus seminarios, cuando termines de jugar, quiero que juntes todos los juguetes y los pongas en esta caja -. Esto se puede hacer de dos maneras. Puede ser el padre que hace la vista gorda, y cuando ve que el pibe junto los juguetes ve que quedan dos o tres y dice: - ya está, está bien así, o puede estar el padre que agarra al hijo de la oreja y dice: - ¡me juntás ese juguete, y ese juguete, que no quede ninguno afuera! -, y ahí se ve el aspecto fundamentalista.

Un chico que puede salir un obsesivo que se la pase contando, porque hay un goce ahí, se ve muy bien que el primero es una especie de todo simbólico, que dice todos los juguetes pero en el otro ya hay un goce de agarrar de la oreja y decir que no haya ninguno que se escape. Se lo puede estudiar del lado de un padre así con esas características y se lo puede estudiar por el lado de las mujeres también, esa especie de no hay un límite, no funciona el límite y entonces se puede avanzar, un poco ferozmente.

Freud decía que las mujeres no tenían superyó. Tal vez no tengan superyó masculino, éste de la excepción, pero del superyó del otro lado, ese fundamentalista, no se privan en lo más mínimo, o si se privan, y la privación es juntamente una de las caras de eso.

Bueno esa es una línea como para pensar que una cosa es una dieta que funcione como un límite, del lado este (hombre) y otra cosa es que la dieta sea fundamentalista y pase del otro lado. Paradójicamente sería un aspecto un poco femenino ese.

(Pregunta en relación a la posición del analista frente a la anorexia y si sería la misma que frente a la bulimia):

J.V.: A mí me parece que, dentro de las anorexias que son suceptibles de entrar en análisis, eso hay que ver caso por caso, me parece que la oportunidad de la entrada en análisis se da justamente cuando se puede anudar, el tema de la anorexia, la estrategia anoréxica con el punto en que eso es todavía un modo de relacionarse con el Otro, o que fue una respuesta al deseo del Otro, o que hay ahí una temática relacionada con el amor por ejemplo con el amor del padre, que aparece en la anorexia en el momento en que vacila fuertemente el asidero que, para una mujer, es el amor al padre y el amor del padre.

Sobre todo cuando son temáticas por ejemplo de acting out, donde se puede rastrear y se puede dar cuenta, se puede hacer una trabajo preliminar en ese punto donde se vaya haciendo claro para el sujeto que esa es ya una respuesta y que además puede ser un llamado dirigido al Otro. Me parece que ese es el punto de bisagra que permite cierta histerización, de ver que eso ya en sí mismo está dirigido al Otro.

Lo que todavía me parece que no es la entrada en análisis propiamente dicha que implica que se precipite un síntoma, y que a veces puede llevar un tiempo este pasaje del acting out, de poder leer eso como algo dirigido, como un llamado hasta que se pueda formalizar en un síntoma y que de cuenta de una entrada en análisis propiamente dicha.

Para eso, es un requisito indispensable que haya un fracaso de la posición anoréxica. Si el sujeto está en el momento en que siente que es absolutamente victoriosa para mantener la privación, me parece muy difícil. En ese sentido, la bulimia a veces indica el fracaso de la anorexia, cuando irrumpe la ingesta de alimento indiscriminada y después viene el vómito pero ya primero hubo ese fracaso y esa satisfacción positiva. Me parece que la bulimia en ese sentido es alentadora.

De alguna manera, poder dar cuenta de la anorexia como un síntoma, podríamos decir de un síntoma de separación donde hay toda una estrategia en relación al Otro, al deseo del Otro, a provocar el deseo del Otro a preguntarle al Otro podés perderme, qué pasa si me muero, qué falta evoco en vos si desaparezco. Me parece que eso es lo que permite la entrada en análisis.

(Pregunta en relación al silencio del analista y sobre poner en juego el deseo del analista. En La Plata se hablaba de crear un dispositivo ficcional donde el deseo del analista se ponga en juego. Había un caso donde se le ofrecía a una paciente galletitas)

Yo creo que los medios de los que se vale un analista tienen que ser lo más amplios posibles. La cuestión es que respondan a alguna lógica en el caso por caso. No me parece que haya nada que uno pueda decir esto no sirve o esto sí, ni un silencio para todos ni privarse de este tipo de cuestiones.

He escuchado casos de gente que trabajó en hospitales incluso con chicos, con cuadros de anorexia bastante graves, donde por ahí lo que hacían era entrar de a dos en el cuarto del chico y ponerse a comer delante de él sin convidarlo, únicamente entre ellas, hasta que el pibe empezaba a desear eso que circulaba ante sus ojos. Todas las ficciones están permitidas siempre y cuando sirvan a una lógica. El análisis con diván y que se yo es un dispositivo ficcional. Está muy abierto a la invención además...

Pregunta: ...¿Cómo algo que sería del orden del defecto, se le torna a la anoréxica algo del orden del exceso, de lo que está de más, de esa cosita, ese 0,05mg? yo fui ordenando lo que vos dijiste así: la anorexia y la histeria en relación al deseo, en relación al goce y en relación a los semblantes y me parece que es ahí en relación con los semblantes, que es una forma de enganchar esto del orden del exceso.

J.V.: ¿De qué manera?

- Por la vía fantasmática. Este fantasma del exceso, este fantasma de lo que hay de más, esta fantasmática del exceso.

J.V.: Si, fantasma pero al mismo tiempo da cuenta de algo real. El tema es que es un exceso que aparece localizado en lo imaginario. Una paciente me decía: - veo lo que como, como en exceso, pero siempre, ya comer es un exceso, y ese exceso lo veo en los espejos, cuando me miro en los espejos, veo el exceso, entonces cada vez que como de más tengo que tapar todos los espejos -.

Es un exceso, ¿pero que tipo de exceso es? Es un exceso de goce, el tema es que aparece a nivel de la imagen especular, como si eso se hiciera visible.

-Goce de la privación, de lo que está de menos..

Me parece que la privación, bueno por ahí es un poco circular la cosa, pero me parece que la privación ya sería una respuesta para tratar de ponerle el signo menos a eso, empezar a excavar ahí una falta. Lo que pasa es que como siempre ocurre, después uno empieza a gozar de privarse. Es como cuando uno dice, me encanta la mermelada, pero estoy un poco gordo, voy a parar de comer mermelada y después empieza a gozar de privarse y no sólo se priva de mermelada sino también dice no tendría ni esto ni aquello, empieza a aparece el superyó pero porque goza imponiendo privaciones, entonces empieza a aparecer ya el goce de privarse. El vericueto me parece superyoico en como retorna la satisfacción.

- Cómo poder sobrevivir sin eso?

J.V.: Si, si.

- Pensaba en esto del goce de la privación, en este punto, en la predominancia al ser, al ser nada. Este ejemplo que vos diste de esta paciente que dice experimentar el vacío, como si hubiera una falla simbólica ahí que tuviese que experimentarse solamente a nivel del cuerpo, como algo ahí entre lo real y lo imaginario sin que medie lo simbólico, como una falla simbólica, por eso me parece que aparece ahí como esta teoría de pensarlo como goce de la privación y la predominancia de la cuestión del ser del ser nada ahí.

J.V.: Lo femenino tiene más estrecha relación con la privación que con la castración. Sin embargo, para que se constituya la posición femenina de manera que no tenga estos ribetes destructivos, me parece que es esencial y que se articule privación con castración, es decir que, de alguna manera, una mujer quede articulada al falo, a la falta fálica, al hombre como portador del falo, etc, etc., porque sino queda con la privación que es puro agujero, que tal vez localice algo del ser femenino, como ser agujero pero que con eso solo...

-¿No habría alguna diferencia ahí entre lo que sería el goce de la privación y lo que sería el goce de la falta? Lo tomo por el lado de las místicas donde por un lado estaba la privación, la flagelación del cuerpo pero por el otro lado estaba el éxtasis.

J.V.: Si, las místicas parecen haber tenido por ese lado del éxtasis alguna alegría de lo que las anoréxicas no parecen tener.

Buenos Aires, 23 de abril de 2002

HOSPITAL DE EMERGENCIAS PSIQUIÁTRICAS DR. TORCUATO DE ALVEAR

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