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Trabajos
de Investigación Clínica y de Inserción del Psicoanálisis en
diversas Áreas Temáticas
Psicoanálisis <>
Niños
Análisis desde la perspectiva psicoanalítica de la dialéctica de la agresividad en los niños que son llevados a la consulta externa de Psicología de la F.H.U.M
UNIVERSIDAD METROPOLITANA
Departamento de psicoanálisis (CEPUM)*
Subsistema institucional de investigaciones. SIDI.I GENERALIDADES
- Fecha de presentación: Junio 2001
- Fecha finalización: Diciembre 2002
- Título del proyecto: Análisis desde la perspectiva psicoanalítica de la dialéctica de la agresividad en los niños que son llevados a la consulta externa de Psicología de la F.H.U.M.
- Coordinadora General Proyectos Cepum: Carmen Elisa Escobar M.
- Coordinadora del proyecto: Cirit Mateus De Oro
- Colaboradora Postgrado Psicología Clínica: Saudith Vergara
- Colaborador Pregrado Psicología: Leonardo Mass
- Auxiliares Programa de Psicología: Darlys Acosta, Isadora Peñaranda , Lorena Zuluaga , Milena Andrade , Eucaris Reyes , Karen Lascano , Verena Sanchez
- Área de Investigación: Clínica
- Línea de investigación: Calidad de vida
- Tipo de investigación: Psicoanalítica
- Duración del proyecto: 18 meses
- Finalización: Diciembre de 2002
*Grupo de investigación registrado en el cvlac de Colciencias.
II. ANTECEDENTES CIENTÍFICOS
Tempranamente en su obra, Freud descubre la perturbación infantil. Habla, en sus Estudios sobre la histeria y en otras obras, de trastornos como la neurosis de angustia traducido en los niños, como terrores nocturnos.
En la Interpretación de los sueños plantea que los niños tienen producciones oníricas menos elaboradas que las de los adultos, describe que son meros cumplimientos de deseos sin ninguna elaboración, aparte de comenzar a describir lo que más tarde se llamaría la tendencia polimorfa perversa del goce en los niños.
Freud introduce en el segundo capitulo del trabajo Mas allá del principio del placer, ciertas puntualizaciones acerca del carácter del funcionamiento anímico en una de las más tempranas actividades normales y en "los juegos infantiles" teniendo en cuenta el punto de vista económico, es decir, la consecución de placer, lo cual considera de vital importancia.
En El Malestar en la Cultura se refiere a la agresividad como algo pulsional:
"Tras todo esto, es un fragmento de realidad efectiva lo que se pretende desmentir; el ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad. En consecuencia, el prójimo no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infligirle dolores, martirizarlo y asesinarlo. {Homo Homini Lupus}" 1
En La organización sexual infantil de 1923, Freud describe, refiriéndose a comportamientos de tipo exhibicionista y agresiones, que muchas de ellas, las que en una edad posterior se juzgarían como inequívocas exteriorizaciones de lascivia, se revelan al análisis como experimentos puestos al servicio de la investigación sexual. Actos que en últimas deben ser reprimidos por la educación, o la ética, etc.
Finalmente Freud reconoce la agresión como tensión del lado del instinto de muerte, pero no admite una pulsión particular de agresión, a diferencia de Alfred Adler quien propone, según Freud, una imagen de la vida fundada íntegramente en la pulsión de agresión; no dejando espacio alguno al amor.
En Más allá del principio del placer 1920: Propone que habiendo partido de la gran oposición entre pulsiones de vida y pulsiones de muerte, nunca ha descuidado la polaridad que media entre amor (ternura) y odio (agresión). Se pregunta "¿cómo podríamos derivar del Eros conservador de la vida la pulsión sádica, que apunta a dañar el objeto?
Lacan realizó también un avance con su trabajo del estadio del espejo y la agresividad, así como con la diferenciación entre agresión y agresividad. Es importante tener en cuenta los modos de anclaje de goce y deseo entramados a la manera de una trenza en la medida en que el sujeto atraviesa los diferentes avatares y tiempos lógicos de su constitución determinando la intrincada relación del sujeto con el otro.
Françoise Dolto, en su seminario de psicoanálisis de niños, describe la existencia de pulsiones agresivas asociadas con las pulsiones orales agresivas o por ejemplo el golpear con pulsiones anales. También propone que existen las pulsiones agresivas de expresión libidinal pasiva; no desconociendo la trama especular y el juego de la identificación como parte de la emergencia de estas manifestaciones en la infancia. Inclusive llega a hablar de un tipo de agresividad que denomina el "enfurruñamiento" 2
No escapa a su análisis la relación de esto con la pulsión de muerte, e inclusive lo lleva al plano de las agresiones de las que puede ser victima el niño y los síntomas que de allí se pueden desprender.
Rosine y Robert Lefort hacen valiosos aportes al psicoanálisis de niños con trabajos con patologías graves en niños, inclusive autistas. Su trabajo apuntó a las preguntas por la constitución del Otro y del otro con la mediación del estadio del espejo, incluyendo la problemática de los celos y la llamada In -vidia por Lacan. Un ejemplo de esto es el trabajo con Nadia en El Nacimiento del Otro referido a la imposibilidad de la niña de concebir la separación entre el Otro y el otro, lo que la lleva a escenas violentas en las que se siente al estar en presencia de otro niño anulada y destruida. Ella inclusive describe las intervenciones clínicas seguidas en este caso.
Jorge Fukelman en su seminario Ponerse en juego (Cartagena 1996), hace una puntualización acerca de la agresión: Plantea la diferencia que hay si un acto aparece en la pantalla del juego y los efectos que se producen si esto trasciende a esta pantalla. Es decir si esta ocurre entre el campo de lo imaginario y lo simbólico escénico del juego, o trasciende tal punto que pueda por ejemplo anular la distancia simbólica que debe haber entre un padre y el niño.
El psicoanálisis se ha ocupado abiertamente de la problemática de la agresividad extensamente, muchos aportes han sido desplegados desde que su descubridor Sigmund Freud le dedicara un importante tiempo y análisis en su profunda obra. Sin embargo, en el psicoanálisis no todo está dicho, muchas preguntas surgen cuando se hacen coincidir significantes tales como un niño, la agresividad y su dialéctica. Ello abre el espacio para un nuevo interrogante, una falta en saber que permite una nueva articulación en el entramado clínica teoría.
III. DESCRIPCIÓN DE LA INVESTIGACIÓN
En este trabajo se realizó una cuidadosa revisión de las diferentes presentaciones del motivo de consulta denominado "Agresividad" con el fin de reconocer a qué corresponden: ¿son una forma de síntoma? ¿De fenómeno? ¿A que están ligadas? ¿de que manera se estructura esto en los niños? Además de ello se propicia el espacio para pensar en las intervenciones posibles.
Se partió de las diferentes posturas psicoanalíticas frente a esta problemática tan compleja; desde la propuesta freudiana formulada en torno de la pulsión de muerte, así como las teorías sexuales infantiles; hasta la propuesta de castración y las posibles posiciones frente a esta. Trabajos como los de Rosine y Robert Lefort (Analistas franceses discípulos de Lacan que trabajaron el psicoanálisis con niños) así como trabajos de analistas contemporáneos.
Para la realización de este trabajo se efectuó una revisión bibliográfica y clínica tanto de los tiempos de estructuración de un sujeto, como de las diferentes formas de concepción de la agresión y del concepto mismo de "niño" para poder enlazar conceptos que permitieran una explicación y al mismo tiempo promovieran formas de intervención.
El método utilizado fue la revisión bibliográfica y el estudio de casos clínicos, para luego converger en la propuesta de un trabajo; que vale la pena resaltar siempre requirió la lectura del uno por uno de los casos.
IV. DESCRIPCIÓN E IDENTIFICACIÓN DEL PROBLEMA
Pensar la agresividad en el niño lleva a planteamientos previos necesarios como lo son ¿qué es un niño para el psicoanálisis?, las diferencias entre agresión agresividad y violencia, así como la tensión generada en los primeros años de vida cuando el deseo sólo existe en el plano único de la relación imaginaria del estadio especular, alienado en el otro y que de no resolverse a instancias del trazo que distingue a cada sujeto, dejaría como única salida la destrucción del otro.
Báscula especular que es vivida de manera dramática en la infancia, traducida en los celos más radicales o lo que Lacan llama la In vidia. Solo si el deseo pasa por la vía del reconocimiento, gracias a lo simbólico, es entonces que esta fase del drama tendrá una vuelta distinta.
Transferencia, ideales (yo ideal, ideal del yo) estadio del espejo, Edipo serán entonces tópicos a estudiar en este complejo problema que conduce a preguntarse si es la agresividad un fenómeno, un síntoma, o si es parte de este complejo "drama" por el cual todo sujeto debe atravesar para alcanzar el "reconocimiento" de su deseo.
Es importante también resaltar que el niño se encuentra en un momento de dependencia al campo del Otro. Momento de alienación necesaria para una posible separación posterior, esto quiere decir que aunque el trabajo se hará con los niños serán importantes las entrevistas con los padres, sobre todo si se tiene en cuenta la propuesta lacaniana de que el síntoma en el niño es la repuesta a lo sintomático de la estructura familiar, en este sentido, entonces el síntoma tendría el valor de verdad.
En la consulta con niños, a quienes trabajan desde la perspectiva psicoanalítica, se les presenta el problema desde múltiples facetas, sobre todo porque en el niño los procesos lógicos que fundan la estructura subjetiva están "en juego". En este complejo campo de trabajo se convierten en relevantes las apuestas del psicoanálisis sobre el estadio del espejo y sus efectos en la constitución del yo, el Otro como lugar del código (su significación) y los efectos; Edipo y castración como nodo de la subjetividad, entre otros, son todos ellos cuestiones que implican el abordaje de un niño que sea llevado a consulta por presentar "agresividad".
Por consiguiente, ante quien se disponga a trabajar con este tipo de pacientes se le plantea desplegar la pregunta por la función, campo del análisis y las intervenciones en estos tiempos; así como los efectos de su intervención.
V. FORMULACIÓN DEL PROBLEMA:
¿Cuál es la dialéctica de la agresividad en los niños, que motiva el pedido de consulta con Psicología en la FHUM?
VI. JUSTIFICACIÓN
La afluencia de pacientes "niños" llevados a consulta por "agresividad", lleva a pensar en las condiciones actuales de lo que se denomina infancia, las circunstancias a partir de las cuales puede llevarse a cabo un trabajo de intervención clínica con niños; pertinencia de un trabajo que aunque a veces parezca "fácil" trae consigo dificultades tales como un Edipo "actual", una dependencia real del niño al campo del Otro.
Preguntas por las condiciones para el trabajo, el porqué de la aparición de esta manifestación, por la dirección de la cura, etc. Estos interrogantes y muchos más, permiten abrir un espacio para cuestionar en la consulta externa del Hospital Metropolitano este complejo que-hacer clínico.
Este trabajo propició una labor de revisión y creación en la clínica, con el fin de favorecer efectos de cura en los pacientes de la consulta externa de la FHUM.
VII. OBJETIVOS
General
Analizar desde una perspectiva teórica y clínica la lógica que motiva el pedido de consulta con Psicología por agresividad en los niños y propiciar intervenciones que favorezcan efectos de cura en los casos que así se requiera.
Específicos
Analizar la "agresividad" en los niños que asisten a la consulta externa desde la perspectiva de "niño", "agresividad", "violencia", que propone el psicoanálisis.
Generar un espacio de revisión, reflexión, articulación, de algunas propuestas de trabajo psicoanalíticas con relación a la agresividad en niños, que permita una lectura de esta manifestación en la infancia.
Propiciar, la articulación de algunas intervenciones en los casos que apunten a la dirección de la cura en los casos que así lo requieran.
VIII: DELIMITACION
La investigación proporcionó una articulación teórica desde el psicoanálisis que analizó las manifestaciones denominadas como agresividad, y a partir de allí articular una propuesta teórico clínica que describe la manera como se estructura la agresividad en los casos estudiados.
En la práctica permitió realizar un acercamiento de la teoría psicoanalítica a la intervención en el contexto hospitalario. El alcance práctico estuvo ligado con la posibilidad de un mejor abordaje a este tipo de trabajo con el fin de obtener mejores resultados en el que hacer clínico ante este tipo de manifestación en los niños.
La agresividad puede ser motivada por diversas fallas en la estructuración, también a veces solo suele ser una expresión de un tiempo fundante que es necesario para el infans (término usado por Lacan para referirse al niño aún no atravesado por el lenguaje) Poder discriminar de qué se trata, brinda herramientas tanto clínicas como teóricas. Es por ello que se circunscribió la investigación alrededor de lo que ocurre con el niño, escuchando de los padres lo que estos puedan aportar pero siempre en relación al niño y lo que le ocurre en esos "primeros años de vida" cuando se "constituye" por así decirlo la conjugación de diversos procesos que definirán lo llamado "estructural" por el psicoanálisis refiriéndose a lo puramente subjetivo. Para ello se tuvieron en cuenta entonces nociones como deseo, goce, (objetos pulsionales) Rasgo unario, etc.
Con respecto al método, la investigación misma ha llevado implícito a recorrer el trabajo elaborado por analistas como Freud y Lacan en su quehacer, así como, también, conducir a los investigadores a este particular modo de interpretación propuesto hace aproximadamente cien años por Freud y que en cada nuevo investigador se revive como una apuesta.
IX. ESPACIO Y TIEMPO
El trabajo con niños siempre ha sido una inquietud constante a través de la historia del psicoanálisis, desde el mismo Freud, quien puso mucho énfasis en la infancia, pasando por su hija Ana, quien despliega todo un trabajo con respecto a la infancia y la educación, hasta analistas como los Mannoni, Fracoise Dolto, Rosine Lefort, más actuales quienes tanto en su teoría, como en su clínica han realizado valiosos aportes.
La agresividad ha sido bastante discutida desde la Psicología, inclusive hasta el punto de responsabilizar a medios como la televisión, la música y hasta el contacto con otros niños de esta manifestación en la infancia; es bastante delicada la línea que divide lo que es un acto agresivo de uno que no lo es. Así como también resulta difícil poder dilucidar entre eso que se presenta como propio de la infancia y que muchos llaman la crueldad infantil, eso que el mismo Freud llamó lo polimorfo perverso de la infancia, o a diferencia de ello un acto que implique la trasgresión del otro.
Muchas clasificaciones se han dado desde la psiquiatría. Por ejemplo, el DSM reconoce en la infancia lo que a juicio de los expertos llaman: Trastorno de negativismo desafiante y el llamado trastorno disocial en el eje I. Sin embargo este tipo de clasificaciones, tienden a cerrar cualquier tipo de pregunta sobre su causa y su valor como accidente del significante.
Mas allá de un motivo de consulta y de investigación actual para la consulta externa de la FHUM, la agresividad es un "tema" por así decirlo que compete a padres y colegios, mas aún en un momento en que un país como Colombia atraviesa por un momento de suma violencia.
X. PARADIGMA Y TIPO DE INVESTIGACIÓN
El tipo de investigación a desarrollar estuvo articulado por el paradigma psicoanalítico.
Freud propone el psicoanálisis como un método de investigación, un método de tratamiento y una teoría. Al hacer un complejo tan intrincado de supuestos que él mismo va sometiendo a verificación y que posteriormente muchos otros analistas han revisado y aportado el psicoanálisis se convierte en un vasto marco de conceptos que implican una postura distinta en el campo del quehacer científico, nombrado por Freud como sigue:
"Psicoanálisis es el nombre: 1) de un procedimiento que sirve para indagar procesos anímicos difícilmente accesibles por otras vías; 2) de un método de tratamiento de perturbaciones neuróticas, fundado en esa indagación, y 3) de una serie de intelecciones psicológicas, ganadas por ese camino, que poco a poco se han ido coligando en una nueva disciplina científica"3.
En el trabajo Sobre el presidente Schreber plantea:
"El psicoanálisis es una notable combinación, pues comprende no sólo un método de investigación de las neurosis sino también un método de tratamiento basado en la etiología así descubierta. Puedo comenzar diciendo que el psicoanálisis no es hijo de la especulación sino el resultado de la experiencia; y por esa razón, como todo nuevo producto de la ciencia, está inconcluso. A cualquiera le es dado convencerse por sí mismo, mediante sus propias indagaciones, de la corrección de las tesis en él incorporadas, y contribuir al ulterior desarrollo de los estudios 4".
Esto no ha cambiado mucho aunque han pasado mas de cien años, el trabajo a llevar a cabo no es del campo de la especulación, partirá de una experiencia, recogida del campo clínico.
Cuando Freud se refiere a un método para la investigación, está hablando de una forma muy particular de llevar a cabo un proceso investigativo sobre su gran descubrimiento: Lo Inconsciente, que sólo puede ser develado desde el propio inconsciente del investigador. Esto rompe con todas las propuestas que parten de la postura de que la verdad del sujeto está en la conciencia y la voluntad de quien la dicen, en razón de esto Freud afirma haber realizado una herida narcisista a la humanidad.
En "Dos artículos para una enciclopedia" Freud describe su método como sigue:
"Un arte de la interpretación, y se proponía la tarea de ahondar en el primero de los grandes descubrimientos de Breuer, a saber, que los síntomas neuróticos son un sustituto, pleno de sentido, de otros actos anímicos que han sido interrumpidos. Importaba ahora concebir el material brindado por las ocurrencias de los pacientes como si apuntase a un sentido oculto, a fin de colegir a partir de él este sentido. La experiencia mostró pronto que la conducta más adecuada para el médico que debía realizar el análisis era que él mismo se entregase, con una atención parejamente flotante, a su propia actividad mental inconsciente, evitase en lo posible la reflexión y la formación de expectativas concientes, y no pretendiese fijar particularmente en su memoria nada de lo escuchado; así capturaría lo inconsciente del paciente con su propio inconsciente. Entonces pudo notarse, cuando las circunstancias no eran demasiado desfavorables, que las ocurrencias del paciente eran en cierta medida como unas alusiones arrojadas al tanteo hacia un determinado tema, y sólo hizo falta atreverse a dar otro paso para colegir eso que le era oculto y poder comunicárselo. Por cierto, este trabajo de interpretación no podía encuadrarse en reglas rigurosas y dejaba un amplio campo al tacto y a la destreza del médico; no obstante, cuando se conjugaban neutralidad y ejercitación se obtenían resultados confiables, vale decir, que se confirmaban por su repetición en casos similares 5".
Será a ello que apunte el trabajo, ejercitar la lógica y la clínica psicoanalítica para descubrir las posibilidades del trabajo clínico con niños que presenten como motivo de consulta "agresividad" en el ámbito institucional.
Según Popper el psicoanálisis no puede ser considerado como ciencia; porque no cumple con el requisito del criterio de falsación dice: "Una teoría tiene que ser capaz de decir con qué condiciones podría no ser verdadera para ser considerada una teoría científica", el teórico debe buscar y hallar casos o instancias refutadoras, en los cuales su hipótesis central no sea aplicable. Las potenciales instancias refutadoras de la hipótesis de la omnipresencia del inconsciente son descartadas sistemáticamente por explicaciones reduccionistas, que ven en los casos excepcionales, por ejemplo, en el azar siempre hay algo del inconsciente. Es decir, en ningún caso la hipótesis del inconsciente como lugar desde donde el sujeto se manifiesta es falsa, por lo tanto el psicoanálisis y el analista siempre tienen la razón, lo que convierte a la teoría en inexpugnable, cerrada, no susceptible de crítica y, por consiguiente, fuera del territorio demarcado por la ciencia; coloca el descubrimiento freudiano como algo incontrastable.
Si se hace un mapa con la teoría psicoanalítica bajo la luz de la teoría de Imre Lakatos quien propone que una teoría que reúna estos requisitos: Un plan heurístico, un centro firme, y un cinturón protector será entonces una teoría científica.
Se puede hacer una lectura del psicoanálisis como sigue:
Si la heurística se define como el arte de poder sostener una discusión y producir nuevos hechos que hayan sido ignorados, se puede decir que es en sí mismo heurístico, porque el inconsciente fue desconocido o no advertido hasta la aparición de Freud en los escenarios médicos, depura desde sus inicios (recordemos por ejemplo el trabajo de Freud acerca de las diferencias entre las parálisis motoras orgánicas e histéricas) los datos que obtiene a partir de su trabajo clínico, el cual a su manera sistematiza organiza, etc. El avance en Freud es claro y contundente, aunque continuamente hace crisis (él y la teoría) descubre que las pacientes le mienten, que no le alcanza el principio del placer para explicar lo que ocurre en el masoquismo, etc. Pero avanza, en la década de los veinte el psicoanálisis tiene los fundamentos que eran su flaqueza a finales del siglo anterior; los pilares del psicoanálisis estaban construidos: Inconsciente Pulsión, repetición y transferencia. Paralelamente también se puede citar aquí la posición bastante recia de Freud tratando de evitar que el psicoanálisis se convirtiera en una generalidad.
El núcleo duro del psicoanálisis es eso tan discutido en la filosofía, la ciencia: El Inconsciente como lugar del sujeto como tal, Freud mismo al respecto dice: Hacía mucho tiempo que el concepto de lo inconsciente golpeaba a las puertas de la Psicología para ser admitido. Filosofía y literatura jugaron con él harto a menudo, pero la ciencia no sabía emplearlo. El psicoanálisis se ha apoderado de este concepto, lo ha tomado en serio, lo ha llenado con un contenido nuevo. Sus investigaciones dieron noticia sobre unos caracteres hasta hoy insospechados de lo psíquico inconsciente, descubrieron algunas de las leyes que lo gobiernan. Pero con todo ello no se dice que la cualidad de la condición de consciente haya perdido su significatividad para nosotros. Sigue siendo la única luz que nos alumbra y guía en la oscuridad de la vida anímica. Como consecuencia de la naturaleza particular de nuestro discernimiento, nuestro trabajo científico en la Psicología consistirá en traducir procesos inconscientes a procesos concientes, y de tal modo llenar las lagunas de la percepción conciente" 6.
El cinturón protector para el caso de esta investigación estaría conformado por la teoría del estadio del espejo, la conformación de la estructura (anudamiento de lo real, lo simbólico y lo imaginario), el objeto a en sus diversas vertientes y la noción de deseo y goce.
Hay una heurística positiva también en muchos trabajos de analistas como Lacan con respecto a la lingüística, la topología, la lógica, etc. En el presente trabajo se pretende realizar un avance en tanto implica un anudamiento teórico, una apertura a re-pensar la clínica y sus intervenciones.
Humberto Eco en su libro Cómo se hace una tesis, propone que la investigación científica "versa sobre un objeto que reconocible y definido, no tiene por qué ser tangible, sino responder a ciertas condiciones y reglas establecidas que permitan reconocerlo como tal. En este sentido el psicoanálisis desde Freud desplegó todo un trabajo, su principal afán fue, que su descubrimiento pudiera ser reconocido por otros, es por ello que se dio a la tarea de describir su método, sus historiales, e inclusive sus experiencias fruto de contingencias en viajes y salidas, hasta sus propios sueños y experiencias.
Posición que no fue sin dificultades porque Freud se ocupó de lo que hasta ese momento perteneció al mito, la religión y la metafísica, y pretender incluirlo dentro de una ciencia o una disciplina científica trajo muchas dificultades.
Entre otras la propuesta freudiana que se crea después de varias vueltas en su trabajo: Sujeto y objeto es el mismo (el sujeto y el objeto, cognoscente y conocido, son el mismo), lo cuál entraba a proponer una serie de dificultades en tanto se adentraba en los terrenos de la epistemología, sin embargo, aclararlo es determinante para la conceptuación del psicoanálisis, el que posee, sus propias categorías epistémicas.
Si el paciente es un campo fenoménico para el analista, habrá en este un proceso de conjetura, intelección y corroboración o desestimación. Y dada la identidad estructural entre ambos aparatos psíquicos en juego, adquieren importancia expresiones como «colegir» designado por Freud con el término alemán (erraten). El analista «colige» determinadas constelaciones en su paciente «El trabajo del analista consiste en colegir lo olvidado a partir de los indicios (Anzeichen} que ha dejado tras si 7CE».
En este sentido la investigación psicoanalítica cumple otro requisito de los planteados por Eco, el ser útil a los demás, puesto que deja clarificado no solo un campo de trabajo sino el cómo hacerlo convirtiéndose en un proceso heurístico para la técnica como para la teoría y la investigación.
Acercándolo a otra propuesta de Eco que dice que la investigación tiene que decir sobre el objeto cosas que no han sido dichas, es nodal describir que El descubrimiento del inconsciente es Freudiano, quienes han investigado después han hecho trabajos que profundizan, dan otra óptica o suman descubrimientos al ya no poco extenso, acervo del psicoanálisis.
Cabe aclarar en este punto que el trabajo a realizar no es en absoluto incoherente con el paradigma de tipo cualitativo, en la medida en que no se pretende cuantificar ni medir un fenómeno sino describir su estructura y las razones de su aparición en los niños.
Para finalizar una nota crítica de Freud acerca de la ciencia:
Sería un error creer que una ciencia consta íntegramente de doctrinas probadas con rigor, y sería injusto exigirlo. Una exigencia así sólo puede plantearla alguien ansioso de autoridad, alguien que necesite sustituir su catecismo religioso por otro, aunque sea científico. La ciencia tiene en su catecismo sólo muy pocos artículos apodícticos; el resto son aseveraciones que ella ha llevado hasta cierto grado de probabilidad. Es justamente signo de que se tiene un modo de pensar científico el darse por contento con esas aproximaciones a la certeza, y poder continuar el trabajo constructivo a pesar de la ausencia de confirmaciones últimas 8.
XI PUNTUACIONES CONCEPTUALES
CAPÍTULO I
¿Qué es el niño para el psicoanálisis?
La infancia, puede entenderse como un período determinado de la vida de un niño o una niña, en el cual se reconocen cambios psico-socio-biológicos hasta que se alcanzan las características consideradas propias de la edad adulta. La infancia también es aquello que el común considera que es la infancia; son representaciones, que no son estables a lo largo de los años.
"Etimológicamente, In-fancia viene del latín In-fale, el que no habla... Con el tiempo fue adquiriendo el significado del que no tiene palabra9"
La niñez, siempre se ha ubicado con relación a lo que implica ser adulto, lo que aún falta para, o los aún no, frente a los que ya sí. Por lo cual es frecuente que en el ámbito social se percibe la infancia y sus problemas como potestad de la familia, excluyendo al niño como sujeto responsable; que puede dar cuenta de lo que le pasa. Así, pues la infancia es vista por los adultos como un momento de felicidad, ya perdido. Por lo que muestran con satisfacción "ya no ser un niño", pero con el dolor de lo que ya no se puede volver a tener. El niño por su parte desea ser grande, pero sin perder los privilegios de este tiempo.
Son muchas las significaciones y representaciones que se estructuran en este a la niñez, desde los diversos contextos sociales, culturales y el momento histórico. Dichas concepciones son dinámicas, y dependen de la percepción social de la realidad, y las creencias y estereotipos compartidos por la colectividad, en dicho momento histórico.
En el período clásico, el niño es concebido como parte de los bienes del dueño, en el cual no eran tenidos en cuenta, sino hasta el momento de encontrarse capacitados para la guerra; por lo cual la prole era producto de la conservación de la especie, donde no aparecían como sujetos jurídicos y a quien dirigían actitudes de indiferencia y desprecio. En el periodo Cristiano, por el desarrollo de las ideas de la iglesia, el niño ocupa un lugar diferente, apareciendo como un ser privilegiado por su inocencia. En el periodo Medieval el niño aparece como revestido con las posturas y vestimentas de los adultos, la sociedad del momento refleja en ellos, sus propios deseos inconscientes y placeres infantiles, cubriendo lo que querían ocultar de la infancia. Es solo a partir de la Revolución Industrial que se pone de manifiesto la noción de niñez que hoy día se tiene, comienza a considerarse como el futuro ciudadano, a incluirse en los programas de interés social, educativos, en la iglesia, la ciencia y el estado; quienes se dirigen a su protección y estudio.
Los estudios, investigaciones y observaciones se inician frente a la pregunta por el desarrollo evolutivo del niño, en 1916 los psicólogos LewisTerman y Arnold Gessell, analizan el comportamiento del niño a través de filmaciones, y sus explicaciones apuntan al componente genético y evolutivo. Watson (1914) por su parte soporta su trabajo en la importancia de las variables ambientales para el desarrollo del niño. Estos aportes se quedaron cortos en cuanto a la estructuración psíquica del niño. Cabe anotar que muchos de los estudios en torno al niño versan sobre inteligencia, como es el caso de los estudios psiquiátricos y la pedagogía.
En 1960 cobran importancia los estudios del Psicólogo Jean Piaget, quien se dedica a investigar sobre el origen del conocimiento humano. Con Piaget se resignifica lo relacionado con el lugar del niño en la sociedad y la educación, al igual que la Psicología Infantil. Como resultado de sus investigaciones plantea que el desarrollo cognitivo pasa por cuatro etapas, las cuales están delimitadas por las operaciones lógicas que se realicen, estas son la etapa de inteligencia sensoriomotriz, del pensamiento preoperacional, la de las operaciones intelectuales concretas y la etapa de las operaciones formales o abstractas
Con Freud en 1905 (Tres ensayos para una Teoría Sexual) se introduce también un cambio en cuanto a la representación que de la infancia se tiene, a través de sus trabajos, se pone de manifiesto una dimensión del ser humano que hasta entonces era negada en el niño, la sexualidad, lo cual suscitó el rechazo y la resistencia de la sociedad científica Vienés. Sin embargo, Freud, sienta uno de los fundamentos del trabajo clínico con niños, al marcar la importancia de la relación entre el padre y el niño, en la configuración de sus relaciones de objeto.
El niño, en sí mismo interroga y ha interrogado a los diversos sistemas sociales, los cuales desde sus fundamentos intentan explicarlo y abordarlo, bien sea desde lo religioso, médico, jurídico y social, hasta el psicoanálisis, el cual va más allá del proceso de maduración, al proceso de subjetivación en el que da sentido de su deseo. Margarita Mesa, en su Seminario Psicoanálisis con Niños desarrollado en la Universidad Metropolitana en Abril del 2002 dice: En un comienzo Freud consideró el análisis con los niños como un método profiláctico contra las neurosis, pero esto resulta imposible, ya que hay una disyunción irreductible entre la pulsión y el deseo. Esto explica por qué los niños sufren por sus síntomas, por sus miedos, por sus fantasías en las que desean la muerte de sus padres, de un hermano, de un amigo, sufren por crecer, por verificar la muerte, perciben los conflictos de sus padres, las condiciones del nacimiento de un hermanito, el embarazo de su madre, los niños, se dan cuenta de todo lo que acontece a su alrededor lo que con frecuencia les hace sufrir y les desencadena síntomas.
Freud inaugura la pregunta acerca del niño, aunque no trabaja directamente con niños, es en el trabajo con adultos donde encuentra que la neurosis tiene sus orígenes en el desarrollo pulsional del niño.
Sin embargo, a lo largo del trabajo de Freud se encuentra con dos niños. En 1905, un niño de cinco años llamado Hans, al que Freud tiene acceso gracias a las anotaciones del padre del niño, y en tan solo una ocasión interviene personalmente. Hans tenía fobia a los caballos; y antes de la aparición de esta crecía como un niño "normal", manifestando gran interés por "la cosita de hacer pipi".
El trabajo desarrollado por el padre de Hans a partir de las interpretaciones de Freud, mostró el camino para la pregunta e intentar comprender el lenguaje del niño e interpretarlo. Con este encuentro se hace un bosquejo de la técnica en la clínica con niños; lo que reveló que aunque el niño no se expresara con los mismos recursos simbólicos del adulto, comprendía el significado de las intervenciones, que generalmente eran efectivas.
Ante esto Freud en 1932 dijo: "Ha resultado en efecto que un niño es un objeto favorable para la terapia analítica: los resultados son fundamentales y permanentes10".
La observación del juego de su nieto, de 18 meses, se convirtió en el segundo encuentro, lo que permitió comprender a Freud que el juego no solo es placentero, sino que es utilizado por el niño para restituir las situaciones dolorosas:
"Freud sostiene la diferencia entre la infancia y lo infantil. Definiendo la infancia como el crecimiento del niño en términos de biografía; en tanto que lo infantil apunta a lo rechazado, a lo que no se recuerda, y que es causa de los productos psíquicos. De esta manera lo infantil determina lo que se desarrolla como síntoma11".
En su articulo Tres ensayos para una teoría sexual (1905), Freud muestra como lo referente a la sexualidad infantil se había convertido en un tema tabú. No permitiendo el avance científico y haciéndose desde ese momento el centro de las más ardientes polémicas. Pero esto sin duda alguna no era casual, y se convirtió en material de trabajo que permitió teorizar acerca de la amnesia infantil, fenómeno psíquico que oculta a los ojos de todo niño los recuerdos de los primeros años infantiles, en donde se experimentaron emociones, dolores, celos y amores y que fueron sustraídos de la conciencia. Pero que dejan, una marca en la estructura psíquica y actúan a lo largo de la vida.
Freud encuentra que esta amnesia infantil es muy similar al proceso que ocurre en la amnesia histérica, la que no existiría sin la primera. Con este encuentro de lo que da cuenta, es que el niño trae consigo pulsiones sexuales (autoeróticas), que a lo largo de la historia se sustraen ante la represión. La sexualidad sin duda no haría referencia a la actividad coital, por lo cual se hace necesario deliberar sus manifestaciones en la infancia, tal como lo describe Freud.
Las denominadas por Freud como zonas erógenas, las cuales no son más que ciertas partes del cuerpo, en las cuales ciertos estímulos producen una sensación de placer. "Existen zonas erógenas predestinadas [...] que poseen a priori una determinada capacidad para serlo. Así, pues, la cualidad del estímulo influye más en la producción del placer que el carácter de la parte del cuerpo correspondiente. El niño que ejecuta la succión busca por todo su cuerpo y escoge una parte cualquiera de él, que después, por la costumbre será la preferida. Cuando en esta búsqueda tropieza con una de las partes predestinadas (pezón, genitales), conservará ésta siempre tal preferencia12".
El fin sexual de la pulsión infantil es hacer surgir la satisfacción erógena por el estímulo apropiado para el que posee tres características esenciales: se apoya en una función fisiológica, no posee objeto sexual, es autoerótica y su fin se hace bajo el dominio de una zona erógena.
A continuación se esboza el recorrido por las manifestaciones sexuales descritas por Freud:
El chupeteo, consiste como puede apreciarse en los niños de pecho, en la succión rítmica con los labios al que falta la absorción de alimentos. Esta es muy frecuente observarla en niños de tan solo días de nacidos y en algunas ocasiones va acompañado con el frotamiento de partes del cuerpo asequibles al niño o de gran sensibilidad. Aquí la pulsión es autoerótica, encuentra la satisfacción en el propio cuerpo, la cual busca repetir un placer ya experimentado y recordado.
La primera actividad del niño que se manifiesta en relación con el chupeteo, es la succión de pecho de la madre, "Diríase que los labios del niño se han conducido como una zona erógena, siendo, sin duda la excitación producida por la cálida corriente de la leche la causa de la primera sensación de placer". 13
La pulsión sexual en este primer momento se apoya de la satisfacción de una necesidad biológica de la cual posteriormente se independiza y le permite al niño tomar una distancia del cuerpo materno y hacerse independiente del mundo exterior.
Actividad de la zona anal; esta actividad se apoya en una necesidad fisiológica y se revela en el hecho de retardar la excreción, o continuas deposiciones. La retención y expulsión, ocasionan la excitación de la mucosa y la importancia par el niño se centra en no dejar escapar la sensación de placer, esta es una posible explicación a la resistencia de los niños en un momento determinado de la niñez de defecar en el orinal. El acto de la excreción de igual forma, se erotiza en la medida que el niño considera los excrementos como parte de su cuerpo y se convierten en un primer regalo, con el que se premia o castiga al objeto de su amor. Posteriormente la significación de regalo se desplaza a la significación de niño: "...que según una de las teorías sexuales infantiles representa un niño concebido por el acto de la alimentación y parido por el recto14"
Actividad de la zona genital; por su función fisiológica, al igual que las otras zonas se encuentra cargada de estímulos, con la diferencia que esta zona en la edad adulta se constituye en el centro de lo que sería una vida sexual normal. La higiene corporal hace inevitable las sensaciones de placer del cuerpo, y que despierta en los niños el deseo de repetirlas, retornando aquí el onanismo experimentado en un primer momento por algunos niños de pecho. Dicho onanismo sucumbirá nuevamente a la represión(período de latencia), o perdurará sin interrupción ninguna hasta la vida adulta.
De igual forma hace parte de los postulados de Freud el Complejo de Edipo, al que se le deben los sentimientos de remordimiento y culpa del neurótico: el niño quiere poseer a la madre para sí, y manifiesta sentimientos de celos, rabia y odio hacia la figura del padre, al que también en algunas ocasiones le da muestras de cariño; experimentando el niño sentimientos ambivalentes, que posteriormente en la vida adulta harán parte del Inconsciente. Para la niña, la afección es por el padre y la rivalidad con la madre. Cuando un nuevo hermano llega a la familia, los hijos mayores ven la llegada como una amenaza a sus derechos y desean la desaparición de estos, cuando su deseo se hace realidad, esto marca de manera determinante al sujeto. Cuando el niño es desplazado por su hermano dirige su amor hacia un (a) hermano (a), profesores o niñeras. El complejo de Edipo es el camino evolutivo normal del neurótico, un momento princeps en la constitución subjetiva, por lo cual Freud lo considera "el nódulo de las neurosis".
"La labor del hijo consiste en desligar de su madre sus deseos libidinosos, haciéndolos recaer sobre un objeto real no incestuoso, reconciliarse con el padre, si ha conservado contra él alguna hostilidad, o emanciparse de su tiranía cuando por reacción contra su infantil rebelión se ha convertido en sumiso esclavo del mismo15"
Desde la perspectiva lacaniana puede decirse entonces que el Edipo es una construcción, que se articuló en tres tiempos lógicos, desarrollados en tres instantes: El instante de ver, el niño percibe las diferencias sexuales, el tiempo de comprender, se percata de la falta de la madre, el momento de concluir, la falta en el Otro materno, permite la aceptación de la falta.
Después de Freud, múltiples analistas se dedicaron al trabajo clínico con Niños, entre ellos se pueden mencionar:
Hermine Von Hug-Hellmuth, (1913) su aporte fue servirse de la actividad lúdica en la significación del síntoma, además fue la primera analista de niños, sus intervenciones apuntaban a educar las pulsiones y no coartar las prácticas masturbatorias en el niño.
Anna Freud, (1947) quien se preocupó por interrogar los problemas de Psicoanálisis con niños, planteando que la diferencia entre el trabajo con niños y adultos radica en que el niño no tiene conciencia de su enfermedad, ni deseos de curarse, no trae una demanda, y no está presente la transferencia. Por lo cual el analista asume la actitud de pedagogo. Para Anna Freud, el analista hace las veces de un superyo ortopédico para el niño.
Karl Abraham: su trabajo fue fundamental en la comprensión del desarrollo de la libido, y su técnica apunta a las expresiones verbales de los sueños y el relato de los padres.
Melanie Klein (1932), estudió la constitución del bebé sobre el marco de las relaciones objetales, para ella la relación del niño con el cuerpo de la madre, es central para las formas imaginarias del fantasma. Su técnica se basó en la utilización del juego, como continente que ayudaba al niño a aliviar y vencer situaciones dolorosas. Según Melanie Klein en la estructuración de un sujeto se pasa entre la posición esquizoparanoide y la posición depresiva, sin que esto implique un cuadro psicopatológico.
Arminda Aberasturi (1948), ubica en un lugar diferente a los padres, dentro del análisis, según sus planteamientos se debe iniciar clarificando que se es el analista del niño, hacerse cargo del síntoma, con lo cual los padres se alivian de la culpa y angustia frente al problema del hijo. En su técnica, consideraba la primera hora de juego fundamental, pues aquí se conocía la actitud del niño frente a la cura, además utilizó una caja de juego individual para cada niño, al que sólo tenían acceso el analista y él.
Winnicot (1957), considera que a partir de la identificación madre-lactante, se podía evitar el surgimiento de la angustia, por lo cual lo esencial era un buen maternaje. Winnicot introduce un concepto central, el objeto transicional, el que sirve de "transición" entre el niño y el mundo de los objetos. Este objeto le permite al niño preservar el objeto real ausente (madre).
Este recorrido muestra cómo la posición ante el trabajo clínico con niños, enunciaba un sujeto con una estatura diferente al del adulto, dirigiéndose de esa forma una especialización (psicoanálisis de niños) lo que terminó constituyéndose en una práctica pedagógica, confundiendo el acto analítico con la técnica.
Es Jacques Lacan(1953-1980) quien resignifica el lugar del psicoanálisis, para el cual el dispositivo analítico no establece diferencia para el trabajo clínico con niños o con adultos, ya que apunta al sujeto del inconsciente.
Los postulados lacanianos fueron transmitidos por Françoise Dolto y Maud Mannoni.
Para Dolto, la tarea del analista es reestablecer el campo de la comunicación, donde se es un mediador de la función simbólica, pero en el campo imaginario.
En "l'Image inconsciente du corps" (1984) en que ella expone su concepción del desarrollo psíquico del niño. La madre sostiene un papel fundamental allí. Es ella quién propicia en el niño lo que Dolto llama las castraciones simbólicas. significa que cada fase del desarrollo acaba por una separación, una renuncia al objeto inmediato de satisfacción. Esta separación lleva a una sublimación y a la constitución metonímica de otro objeto. Dolto toma las fases Freudianas del desarrollo libidinal (el oral, anal, genital) agregando la castración umbilical, el prototipo de todas las castraciones futuras.
Mannoni por su parte, considera como valioso el discurso, el lugar desde donde el sujeto habla. Perdiendo de vista la consideración de la triada madre niño falo.
Para Lacan el niño es un sujeto al que se le interrogan sus significantes, por lo que el analista de lo que no puede abandonarse es del estatuto de la palabra, e indagar la presencia del saber, goce, objeto causa de deseo; y cómo se ha ubicado el niño frente a estos.
Cabe mencionar aquí dos referencias de Lacan sobre el niño, tomadas unas en unos de sus escritos Acerca de la causalidad Psíquica y que dice: "...un niño no es un hombreCE" 16:
Existe en Lacan otra manera de referenciar lo mismo valiéndose del aporte de Pascal en la historia como sigue:
"Esta referencia a la infancia, esta idea del niño que hay en el hombre, esta idea de que algo exige al hombre ser otra cosa que un niño y que sin embargo las exigencias del niño, se hacen sentir en él como tal perpetuamente, es una idea que en el orden de la Psicología, es situable históricamente.
Un hombre de la misma época que vivió también en la primera mitad del siglo XlX, un victoriano de la primera época, el historiador Mcaulay, hacia notar que en su época no se podía acusarlo a uno de ser un hombre deshonesto o de ser completamente un imbécil, ya que se tenía una excelente arma en el hecho de no haber devenido un espíritu enteramente adulto, de conservar rasgos de mentalidad infantil. Esta suerte de argumento, tan datable históricamente al punto que no podemos encontrar el testimonio en ninguna otra parte en la historia antes de esta época, muestra algo que escande, que constituye un corte en la evolución histórica. En el tiempo de Pascal, si se habla de la infancia, es para decir que un niño no es un hombre. Si se habla del pensamiento del adulto, no es en ningún caso para reencontrar jamás allí los rasgos de un pensamiento infantil" 17.
Decirse hombre decirse mujer o decirse niño apela a la cuestión del significante son lugares bordeados por el significante. No hay otra forma de abordar el asunto
Si bien el estatuto del niño implica que la asociación libre no es la técnica per-se para el trabajo clínico no por ello un analista puede permitirse fundar una especificidad de este quehacer, no en la medida en que de lo que se trata siempre es de trabajar con un niño, no autoriza a plantear una especialidad en cuanto a la práctica, pero no nos disculpa de la existencia de las diferencias.
Después de este recorrido cabe volver sobre el interrogante ¿Qué es un niño?. Niño es un lugar cargado de significaciones; en tanto neuróticos, muchas cosas vienen a la cabeza , cuando este significante se coloca sobre el tapete. Freudianamente hablando podría decirse que un niño es alguien con deseos, teorías, perversiones, fantasmas, sobre todo, sexualidad, pero diferentes a los del adulto... ¿Responde eso el interrogante?, Naturalmente que no... no alcanza.
Según alba Flesler analista de niños argentina, el niño es un lugar en el fantasma del adulto y más específicamente en el fantasma del neurótico.
Lacan nombra lo que es un niño de muchas formas pero, se traerá a colación la siguiente: Un niño es aquél que no puede decirse hombre ni mujer... expuesta textualmente por él en la frase El mito de Edipo no nos enseña nada, en absoluto, sobre lo que es ser hombre o mujer 18.
Esta máxima lacaniana puede ser ilustrada así:
Un niño de cuatro años que pescó un resfriado es llevado al médico por su mamá; después de ser auscultado por el médico, éste decide ponerle una inyección y el chico al oír esto rompe a llorar y grita desesperado ¡no me inyecte! ... El médico desde su lugar de sabelotodo cree que puede arreglarlo y dice: -no llores, los hombres no lloran, a ver ¿qué eres, hombre o mujer?-. El chico que sí era inteligente encogiendo los hombros responde: ¡soy niño!.
Los niños en tiempos instituyentes pueden declarar su sexo, pero, no es desde ellos que se reconocen diferentes entre sí, son los adultos que en función del lenguaje indican al precio del significante quién se dirá hombre y quien se dirá mujer. Esto es lo que enseña el chico de la anécdota.
CAPÍTULO II
ESTRUCTURACIÓN SUBJETIVA DEL NIÑO
Al nacer el niño lo hace en lo real, se requiere que ocupe un lugar en el discurso parental, a partir del cual se humaniza. Él viene a encontrarse con un nombre, atributos, expectativas que están con relación a sus padres, a su propia historia, significantes que vienen del Otro, y le muestran una imagen de su ser, en el que se pasan goces, historias y padecimientos de los ancestros. "Los hijos existen para los padres, antes que su cuerpo se materialice, y su historia repetida o recreada (la de los padres) determina cómo se ubiquen estos frente a lo que es ser padre o madre, al igual que potencialmente podría generar patología en el hijo. Esta se transmite "sin saber lo que dicen (padres) y escuchado por el niño al-pie-de-la-letra, sin saber lo que se escucha19". Un ejemplo freudiano de ello es la referencia al nacimiento de su hija Matilde:
En el Museo Sigmund Freud, en Viena, está el texto de una carta escrita por Freud...a las doce y media de la noche. En esa carta dirigida a Emmelina y Mina Bernays, sus cuñadas, el 16-10-1887, dice así: "Ya habéis sabido por nuestros telegrama que tenemos una hijita. Pesa casi 7 libras, lo que no deja de ser respetable; es feísima, se ha estado chupando el puño derecho desde el primer momento y por lo demás parece poseer buen carácter, comportándose como si se sintiera a gusto entre nosotros. Se llama Mathilde, naturalmente como Frau Doctor Breuer".
Y allí mismo se pregunta Freud: "¿Cómo puede uno escribir tanto de una criatura que sólo tiene cinco horas? El hecho es que ya la quiero mucho", se responde.
Este cuerpo es diferente del Organismo biológico, es un cuerpo simbólico, atravesado por el lenguaje del Otro, es por esto la importancia de ser nombrado y reconocido por el Otro. El Otro debe ofertar un lugar, un nombre, un linaje una marca, "el buen carácter" , eso permitirá al niño ir construyendo una respuesta a eso que le es ofertado.
El primer encuentro entre la madre y el hijo, se establece inicialmente para responder a las necesidades biológicas del niño, así pasa de ser un organismo indefenso a un hablante, que usa el lenguaje para expresar, tanto lo que necesita como lo que desea (a través de la demanda). En ese primer momento lo que más desea el niño es lo que el Otro desea, completándolo. El Otro desea algo que le falta, lo que le muestra al niño su propia falta. Sin embargo, el niño intenta múltiples vías cubrir la falta, valiéndose de la ilusión y la fantasía, pero esto siempre es fallido. Esta situación originaria en la cual cabe aclarar nunca se trata directamente del niño y la madre, esta relación está mediada por el falo, por lo tanto no es fusional, no hay la simbiosis que muchos han querido plantear. La madre desea algo más allá que no se corresponde exactamente con el hijo, el niño por su parte ocupa un lugar en su deseo y su goce , pero, no lo satura por completo. Sin embargo, el niño para constituirse como deseo debe causar la operación de alineación al Otro, tiempo lógico que le permitirá al niño insertarse en el universo simbólico, con todos sus movimientos, sustituciones, desplazamientos, etc. Recibir el baño del lenguaje para el niño implica por un lado el vaciamento de goce del cuerpo. Por otro lado implica que el niño asume por identificación el lenguaje que le viene de afuera, es ajeno, es por ello que se afirma: "la lengua es materna". Es a través de este baño que el niño construye su cuerpo . Pero, y ¿cuál es la razón por la cuál no se puede hablar de simbiosis? Porque siempre pre-existe un tercer término la falta y un objeto susceptible de colmarla: El Falo.
Lacan lo escribe como sigue:
Joël Dor describe esta primera configuración triangular como lo que funda la lógica del deseo en el Edipo 20. Esta es la base del esquema R.
Si el niño puede percatarse que no es todo para la madre, que el falo es un objeto ausente y que él no lo puede encarnar y puede advertir además que la madre no es poseedora del mismo podrá realizarse un movimiento.
En este tiempo el padre queda por fuera, lo que deja al niño frente al capricho omnipotente, frente al goce incestuoso de la madre. Para permitir la salida que Freud plantea, y que se mencionó en el capitulo anterior, se hace necesario la entrada del padre como significante Nombre del padre, ante quien la madre se dirige con su deseo, mostrando al niño, que hay algo más allá de él, que la madre desea. Esta dinámica estará siempre regulada por el falo, que es un elemento simbólico. El mandato del padre se aloja en el superyó y le expresa al niño "busca una mujer que no sea tu madre", y a la madre "no reintegrarás a tu cría".
Los padres son los transmisores de la ley del deseo, en la medida en que el padre haciendo a la madre objeto de su deseo, la ubica como no-toda, permite al niño metaforizar su deseo, acceder al campo de lo Simbólico. Así pues, la madre anida la lengua y libidiniza el cuerpo del niño y el padre introduce un movimiento en la operación edípica con la llamada metáfora paterna, que en tanto tal viene a sustituir el deseo de la madre por el nombre del padre y provocar cierta eficacia en la constitución del sujeto.
Es a partir de esta operación que el niño se percata de las diferencias sexuales; "El niño se percata que tiene un órgano del cual la niña carece; imaginariza el falo como aquello que viene a suplir esa falta. De tal manera que el órgano masculino es elevado a la categoría de significante. Así al niño descubrir esa ausencia, se enfrentará con el Deseo Materno, que él supone como lo que podría colmar esa falta, y que intenta cubrir. Sin embargo, el deseo del Otro lo que va a señalarle es que el Otro, la madre, no lo tiene. Es pues a partir de este significante de ausencia y deseo, dentro de la dialéctica de tener y ser el falo que el niño: hombre o mujer puede reconocerse como sexuado y preguntarse por su identidad21" .
La intervención del padre como Metáfora paterna, produce en la tríada Madre-Niño-Falo, una falta de objeto. En esta función ocurren tres operaciones, la frustración, la cual se manifiesta como un daño imaginario por la pérdida de amor cuyo signo es el pecho, la madre opera como simbólica ya que brinda o no, el don de amor a su arbitrio, La demanda del niño es sin límite. Privación, la falta de pene es vivida como un perjuicio atribuida al padre (imaginario) por privar a la niña del falo. La operación tiene un carácter de daño simbólico, por un agente imaginario. Castración, está vinculada a un orden simbólico, es el padre el que introduce la división entre el deseo materno y el niño, el agente es real y la falta es simbólica y el objeto que está en juego es imaginario, el falo.
"Con la entrada del padre en este tiempo hay un movimiento en el esquema:
La metáfora paterna opera así en consecuencia:
El cuestionamiento por al identificación fálica del niño efectúa un desplazamiento como se ve en el esquema el niño ya no está en el mismo lugar, afectado por lo simbólico debe hacer un movimiento que lo coloque por fuera de la identificación imaginaria al falo. La madre debe "significarse simbólicamente como dependiente del padre y no del niño" en lo que respecta a su objeto de deseo 22". La conquista del registro simbólico precipita al niño de la dialéctica del ser a la dialéctica del tener abandonando suposición de infans o asujeto con la que quedaría perdido en el sin-sentido, cuyo ejemplo más claro es el autismo. Esta operación Implica una separación del objeto, el niño será algo más que un trozo de carne.
En el lugar primitivo (imaginario) donde el niño había situado a la madre, se constituirá una representación imaginaria del objeto fundamental del deseo (i en el esquema, yo ideal o imagen asumida), el lugar en que el niño se presentaba al inicio quedará constituido el yo moi. El nuevo lugar quedará esbozado el ideal del yo, elemento simbólico que da a cada sujeto su sitio, lo ubica en un determinado lugar desde el cuál es reconocido inclusive como hombre o mujer.
y podrá entonces ubicarse de diversas formas ante el deseo de la madre, para lo que emplea múltiples recursos simbólicos para acotar ese goce del Otro y tomar distancia, como el juego, el síntoma, entre otros.
El síntoma es una representación significante que se descifra en el significante del lado del Otro", pero igualmente tiene un valor de goce, una parte del sujeto que no está representado por el lenguaje. Además comporta un punto desde el cuál el niño o el sujeto tratará de encarnar el falo tratando ser eso que la colme, esto aparece en una gran variedad de formas en la clínica, aludiendo siempre a una posición imaginaria.
Para Lacan se pueden distinguir dos tipos de síntomas en el niño: Uno que es la respuesta a lo que hay de sintomático en la pareja parental, en donde el niño habla de la verdad que es producto del encadenamiento significante, y el otro, que depende de la subjetividad de la madre, en donde el niño queda ubicado como objeto del fantasma materno, por una falta en la entrada como interdictor del padre.
El niño queda así todo para la madre, y este se ofrece a completarla, ya no desde lo imaginario sino desde lo real. En este sentido, citando a Margarita Mesa, "El niño en estos términos no puede hacer su síntoma, no puede disponer del recurso de su propio síntoma, lo que le permitiría tomar distancia; pasa así, a ser de esta forma, el síntoma de la madreCE.23"
Cuando no aparece la mediación paterna, no hay posibilidad de que el sujeto se represente en la cadena significante, el significante de la metáfora paterna se forcluye y el resultado es una psicosis.
El niño para Lacan es un sujeto cabal, por lo cual debe ocupar el lugar de un analizante de pleno derecho, es sujeto del Inconsciente, por el efecto de la operación significante sobre el organismo, sujeto que interroga su ser en el Otro, con el interrogante ¿Qué me quiere el Otro?. El sujeto podrá responder al ¿Quién soy?, Es decir, tan sólo en el Otro, que el sujeto podrá reconocer su existencia.
Para ello un tejido debe realizarse, el Otro debe acudir al niño con su deseo y su goce, pero, si lo R.S.I. está tejido, permitirá articular al goce y el deseo vía el amor. Articulación que le permitirá a este responder con el fantasma y en consecuencia el objeto a pasa a ser causa de deseo y no objeto pulsional.
El goce queda limitado entonces a las llamadas zonas erógenas y a las relaciones que en torno a estas (sus bordes y agujeros) se tejen entre padres y niño. Puntos privilegiados simbólicamente(aunque tienen una faz real, que no se puede franquear con a palabra y no se puede especularizar) que se conjugan en el par ausencia presencia y que condensan un goce que rebasa la conciencia del sujeto. La satisfacción circulará alrededor de estos objetos, siempre reguladas por la palabra del Otro, significados por el Otro.
Se completa así un tiempo lógico que se inicia con el Estadio del espejo y termina con la operación de separación del objeto. El cuerpo aparece ya no solo entonces como una unidad ilusoria que llena al niño de júbilo sino que además aparece como una superficie tórica, agujereada. Sede del yo y propiedad del sujeto del inconsciente.
CAPITULO III
La agresividad desde la óptica del psicoanálisis: De Freud a Lacan.
Alfred Adler supone la existencia de una pulsión de agresión; su trabajo fue publicado bajo el título La pulsión de agresión en la vida y la neurosis, afirma allí, que el sadismo se genera por el entrecruzamiento de la pulsión sexual con la agresión. Asegura, además, que la pulsión de agresividad puede acceder a la conciencia bajo la forma "pura" o sublimada, o en su defecto seguir los mismos destinos planteados por Freud para las pulsiones (vuelta contra sí mismo, transformación en lo contrario, represión). Freud acota: lo que Adler llama pulsión de agresión es "nuestra libido".
En Lacan la agresividad es atribuida a la identificación imaginaria. En Freud esta identificación imaginaria se puede inferir en su ejemplo de la vuelta contra sí mismo como destino de la pulsión, por ejemplo, en lugar de romperle la cabeza al otro que tiene delante, el sujeto se identifica y vuelve contra sí mismo la agresividad.
Sin embargo, a Freud esto no le alcanza para explicar la agresividad y da cuenta de ello en Mas allá del principio del placer, al introducir la noción de esa tendencia fundamental de todo ser viviente al estado inorgánico (Thanatos). La agresividad estaría ligada entonces con el displacer, el dolor, etc. y sería aliada de la pulsión de muerte que habita en cada sujeto. Freud lo describe como sigue: el ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad. En consecuencia, el prójimo no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infligirle dolores, martirizarlo y asesinarlo. «Homo homini lupus»24(el hombre es el lobo del hombre), cosa que Freud fundamenta en los hechos ocurridos en el mundo hasta su época (Primera guerra mundial).
En Psicología de las masas y análisis del yo refiriéndose a la hostilidad afirma:
Cuando la hostilidad apunta a personas a quienes empero se ama, llamamos a esto «sentimiento de ambivalencia», y nos lo explicamos, de una manera que sin duda es demasiado racionalista, por las múltipIes ocasiones que unos vínculos tan íntimos proporcionan justamente a los conflictos de intereses. En las aversiones y repulsas a extraños con quienes se tiene trato podemos discernir la expresión de un amor de sí, de un narcisismo, que aspira a su autoconservación y se comporta como si toda divergencia respecto de sus plasmaciones individuales implicase una crítica a ellas y una exhortación a remodelarlas. No sabemos por qué habría de tenerse tan gran sensibilidad frente a estas particularidades de la diferenciación; pero es innegable que en estas conductas de los seres humanos se da a conocer una predisposición al odio, una agresividad cuyo origen es desconocido y que se querría atribuir a un carácter elemental"25
En el malestar de la cultura propone:
La existencia de esta inclinación agresiva que podemos registrar en nosotros mismos y con derecho presuponemos en los demás, es el factor que perturba nuestros vínculos con el prójimo y que compele a la cultura a realizar su gasto [de energía]. A raíz de esta hostilidad primaria y recíproca de los seres humanos, la sociedad culta, se encuentra bajo una permanente amenaza de disolución. El interés de la comunidad de trabajo no la mantendría cohesionada; en efecto, las pasiones que vienen de lo pulsional son más fuertes que unos intereses racionales. La cultura tiene que movilizarlo todo para poner límites a las pulsiones agresivas de los seres humanos, para sofrenar mediante formaciones psíquicas reactivas sus exteriorizaciones. De ahí el recurso a métodos destinados a impulsarlos hacia identificaciones y vínculos amorosos de meta inhibida; de ahí la limitación de la vida sexual y de ahí, también, el mandamiento ideal de amar al prójimo como a sí mismo, que en la realidad efectiva sólo se justifica por el hecho de que nada contraría más a la naturaleza humana originaría".26
Colocando a la cultura como ese tejido que vendría a acotar lo pulsional del sujeto humano.
Freud en ese mismo trabajo propone cuál sería la solución estructural, por llamarlo de alguna manera, que encuentra el sujeto con respecto a la agresividad, que no deja por fuera el poder pensarla con respecto a la cultura y a la civilización misma:
Nos acude otra pregunta más cercana. ¿De qué medios se vale la cultura para inhibir, para volver inofensiva, acaso para erradicar la agresión contrariante? Ya hemos tomado, conocimiento de algunos de esos métodos, pero al parecer no de los más importantes. Podemos estudiarlos en la historia evolutiva del individuo. ¿Qué le pasa para que se vuelva inocuo su gusto por la agresión? Algo muy asombroso que no habíamos colegido, aunque es obvio. La agresión es introyectada, interiorizada, pero en verdad reenviada a su punto de partida; vale decir: Vuelta hacia el yo propio. Ahí es recogida por una parte del yo, que se contrapone al resto como superyó y entonces, como «conciencia moral», está pronta a ejercer contra el yo la misma severidad agresiva que el yo habría satisfecho de buena gana en otros individuos, ajenos a él. Llamamos «conciencia de culpa» a la tensión entre el superyó que se ha vuelto severo y el yo que le está sometido. Se exterioriza como necesidad de castigo 27.
Alguien como Albert Einstein ocupado en la física, pero no sustraído del problema del poder y la destrucción en su época, escribe a Freud, estableciendo dentro de sus preguntas una afirmación con respecto al afán de destrucción del humano:
¿Cómo es que estos procedimientos logran despertar en los hombres tan salvaje entusiasmo, hasta llevarlos a sacrificar su vida? Sólo hay una contestación posible: porque el hombre tiene dentro de sí un apetito de odio y destrucción. En épocas normales esta pasión existe en estado latente, y únicamente emerge en circunstancias inusuales; pero es relativamente sencillo ponerla en juego y exaltarla hasta el poder de una psicosis colectiva28.
Otro punto importante donde Freud trabaja la noción de la agresividad es el enigma de la esfinge que aparece ante la sospecha o anuncio de la posibilidad de un nuevo hermano que venga a privarle de lo que Freud llama en este momento, los cuidados y el amor que hasta entonces ha poseído. Este punto es ampliado por Freud como sigue:
"En los casos en que los niños se llevan tan poca diferencia de edad, que la segunda gravidez interfiere la lactancia, este reproche cobra por cierto una base real y, asombrosamente, ni siquiera con una diferencia de sólo 11 meses es el niño demasiado joven para percatarse de la situación. Pero el amamantamiento no es lo único que enemista al niño con el indeseado intruso y rival; igual efecto traducen todos los otros signos del cuidado materno. Se siente destronado, despojado, menoscabado en sus derechos, arroja un odio celoso sobre el hermanito y desarrolla hacia k. madre infiel una inquina que muy a menudo se expresa en una desagradable alteración de su conducta. Se vuelve acaso «díscolo», irritable, desobediente, e involuciona en sus conquistas sobre el gobierno de las excreciones. Todo esto es sabido desde hace mucho tiempo y se acepta como evidente, pero es raro que nos formemos la representación cabal de la intensidad de esas mociones celosas, de la tenacidad con que permanecen adheridas, así como de la magnitud de su influjo sobre el desarrollo posterior; en particular, porque esos celos reciben continuo alimento en los años siguientes de la niñez, y toda la conmoción se repite con cada nuevo hermanito. No cambia mucho las cosas que el niño siga siendo el preferido de la madre; las exigencias de amor de los niños no tienen medida, exigen exclusividad, no admiten ser compartidas" 29.
Ahora bien uno del los conceptos fundados y fundantes del psicoanálisis como lo es el Edipo conlleva el hecho de que el niño sienta mociones agresivas hacia el padre del su mismo sexo, ejemplificado en Freud en el caso del pequeño Juanito (Hans); Freud comprueba como el pequeño, tiene una iniciativa agresiva en contra de su padre, ocasionada por el exceso de "Mimitos" (así lo llama Juanito) con su madre. Esta suerte de agresividad corre por un camino disímil como lo es el hecho de Juanito sintiéndose agredido por su padre; luego esa agresión es transmutada hacia los caballos, es decir, se hace un deslizamiento significante y aparece representado en el caballo. Sin embargo, cabe acotar que la moción no desaparece, simplemente el destino de la pulsión cambió.
Freud también hace notar esta noción de la agresividad con relación al Edipo, con el paciente al que llamó El Hombre de los lobos. En este caso el sujeto siente la moción agresiva hacia su padre y la vuelve contra sí mismo a la manera de venganza. Freud lo explica como algo atinente al Edipo: Es un proceso represivo que afecta a casi todos los componentes del complejo de Edipo, tanto a la moción hostil como a la tierna hacia el padre, y a la moción tierna respecto de la madre 30.
Según Freud la fuente de hostilidad no se resume únicamente a la trama edípica en sí sino que también las pulsiones y su empuje están relacionadas con la afluencia de tendencias discrepantes en razón de que son justamente los padres quienes prohíben la satisfacción de estas, Freud lo describe como sigue:
"Una rica fuente para la hostilidad del niño hacia su madre la proporcionan sus múltiples deseos sexuales, variables de acuerdo con la fase libidinal, y que casi nunca pueden ser satisfechos. La más intensa de estas denegaciones se produce en el período fálico, cuando la madre prohíbe el quehacer placentero en los genitales -a menudo con duras amenazas y todos los signos del disgusto-, hacia el cual, empero, ella misma había orientado al niño. Uno creería que son motivos suficientes para fundar el extrañamiento de la niña respecto de su madre. Se juzgaría, entonces, que esa discordia se sigue inevitablemente de la naturaleza de la sexualidad infantil, lo desmedido de las exigencias de amor y la imposibilidad de cumplir los deseos sexuales. 0 se podría pensar que este primer vínculo de amor del niño está condenado al sepultamiento justamente porque es el primero, pues esas tempranas investiduras de objeto son por lo general ambivalentes en alto grado; junto al amor intenso está siempre presente una intensa inclinación agresiva, y cuanto más apasionadamente ame el niño a su objeto, tanto más sensible se volverá para los desengaños y denegaciones de su parte. Al fin, el amor tendrá que sucumbir a la hostilidad acumulada. 0 bien uno puede desautorizar esa ambivalencia originaria de las investiduras de amor y apuntar que es la particular naturaleza de la relación madre-hijo la que con igual inevitabilidad lleva a la perturbación del amor infantil, pues aun la educación más blanda no puede hacer otra cosa que ejercer compulsión e introducir limitaciones, y cada una de estas intromisiones en su libertad tiene que producir en el niño, como reacción, la inclinación a rebelarse y agredir. Creo que el examen de estas posibilidades podría volverse muy interesante, pero interviene de pronto una objeción que empuja nuestro interés hacia otro rumbo. Todos estos factores las postergaciones, los desengaños de amor, los celos, la seducción -con la prohibición subsiguiente- adquieren sin duda eficacia también en la relación del varoncito con su madre, pero no son capaces de enajenarlo del objeto-madre. Si no hallamos algo que sea específico para la niña y no se presente en el varoncito, o no lo haga de igual modo, no habremos explicado el desenlace de la ligazón-madre en aquella.". 31
La agresión del niño hacia el padre del sexo opuesto corre por lo general por los avatares de la sofocación según Freud. A menudo lo que da cuenta de esa sofocación es la culpa.
En el mito de Tótem y Tabú Freud describe la dinámica del odio al padre el cual es satisfecho con la agresión hasta el punto del asesinato al mismo, pero que luego de perpetrado, aparece la incorporación de la ley, antecediendo la salida a la luz del amor por el padre, conflicto eterno entre Eros y Thanatos.
Rosine Lefort, referenciada por Lacan en el seminario Los escritos técnicos de Freud32(1954), aporta en relación con un caso que atendía, el de "Robert", que la posibilidad de la agresión aparece en tanto exista la posibilidad de la posesión de algo. Esto se puede apreciar en la infancia cuando un niño tiene un juguete y otro quiere quitárselo, se observa por lo general que el niño emprende contra el otro y no se deja arrebatar el juguete; estas son observaciones que se pueden hacer de manera simple en la infancia y que permiten lecturas acerca de la forma en que se van atravesando, por así decirlo, por parte de los niños fases tan cruciales como lo es la diferenciación entre el yo y el otro. Pero ¿la posesión de qué, está en juego? La referencia es muy corta y no precisa nada en particular (por lo menos no en el seminario) porque en su libro El nacimiento del Otro despliega un trabajo en relación a la envidia. (CIF, pág. 4)
Jacques Lacan, anota en el seminario Los Escritos Técnicos de Freud (1954), que en los tiempos de la primera infancia cuando el niño es un infans (término con el que Lacan designa ese momento en que el bebé aún no tiene palabra, no está atravesado aún por el significante) "el deseo sólo existe en el plano único de la relación imaginaria del estadio especular; existe proyectado, alienado en el otro"33 Esto sin lugar a dudas va a traer como consecuencia, una relación por un lado alienante y por el otro de una tensión que puede llegar a ser sin límites; Lacan resalta inclusive a la manera del pensamiento hegeliano, como única salida la destrucción del otro. Esto implica el preguntarse ¿Qué puede evitar que esto sea así?. Porque si esto es constitutivo de todo humano, también es cierto que la salida más generalizada no es la de abolición o destrucción del semejante, esto sólo ocurre en algunos casos; una expresión en la vida adolescente de este tipo de problemática son los problemas de las pandillas de sicarios, por ejemplo. O del sujeto que mata al otro para quitarle los zapatos, expresión máxima tanto en la escala de derecho, como en la trama del drama humano llevado a su expresión más truculenta, sin embargo, creciente problemática que enlaza las formas más radicales de terrorismo y violencia.
A diario se corrobora que el deseo del sujeto sólo puede confirmarse en una competencia, en una rivalidad absoluta con el otro por el objeto hacia el cual tiende, en tanto el otro soporta el deseo del sujeto. En los niños también resulta fácilmente observable esto, en situaciones tales como, un niño que juega con un camión de madera y otro, poseedor de la última colección de "Fisher Price", desea el de madera; lo que confirma que la problemática no reside en la marca, sino en la acentuación del asunto de la posesión en sí, del mismo, y lo que el sujeto cree, supone, que ese objeto le brinda en términos de goce al poseedor, y en consecuencia el deseo de tener para sí ese mismo objeto. Diferente a la pubertad o la adolescencia, en donde la marca si cuenta por lo del valor del intercambio.
Ahora bien, al ligar el concepto de agresividad al de narcisismo, la cosa se complica mas aún, en la medida en que el narcisismo no es simplemente una relación libidinal con el propio cuerpo; en sentido metafórico sería más del orden de lo que se plantea en la historia de Narciso en la medida en que hay una pregnancia especular narcisista, pero, también hay una identificación al otro, que coloca al sujeto como lo plantea Lacan en una situación de enajenación en la cuál en últimas es él, pero, también al mismo tiempo es otro.
Esto enlaza una suerte de confusión, produce un desorden entre el papel y el lugar de cada uno de los sujetos, en la cual la dialéctica de la elección de objeto y la dialéctica de la identificación se juegan.
Dicho esto a en palabras textuales de Lacan sería: "En la época en que les enseñaba a ustedes que el sistema narcisísta es fundamental en la formación de las reacciones agresivas, a menudo llamé la atención sobre hasta que punto nuestro uso del término de agresividad seguía cargado de ambigüedad. La agresividad provocada en la relación imaginaria con el pequeño otro, no es algo que pueda confundirse con el conjunto de la potencia agresiva".34
Todo sujeto queda preso de diferentes fijaciones libidinales a la imagen, que le engañan. Un sujeto se va desprendiendo de ellas, en tanto y en cuanto, cada una de ellas pasa por el campo de intercambio de palabra.
La tensión agresiva que se genera con el otro se corresponde con el plano de lo imaginario, es a la disputa de "territorios" en el intento del sujeto de aparecer como uno, unificado, y que quede del lado del otro lo fragmentado.
Ahora bien, el problema de la agresividad no se queda allí. Lacan plantea que es con respecto al padre imaginario, a quien se refiere muy a menudo toda la dialéctica de la agresividad, también la de la identificación; y la de la idealización por la que el sujeto accede a la identificación con este. Todo esto se produce al nivel del padre imaginario. Aclara que si lo llama imaginario, es porque está integrado en la relación imaginaria, que constituye por demás el pilar psíquico de las relaciones con el semejante, en últimas se encuentran en el asiento de toda captura libidinal y de toda tirantez agresiva. Lacan aclara de este padre, es el padre terrorífico que reconocemos en el fondo de tantas experiencias neuróticas y no tiene en absoluto, obligatoriamente, relación alguna con el padre real del niño 35
Lacan puntualiza que a partir del momento en que la noción de narcisismo entra en la teoría analítica, la agresividad ocupa un lugar importante en las cuestiones técnicas, aunque reconoce que la elaboración y la producción no han sido muy amplias.
Precisa que el estadio del espejo evidencia la "naturaleza de esta relación agresiva" y lo que ella significa. Dice: Si la relación agresiva interviene en esa formación que se llama el yo, es porque le es constituyente" 36. El yo se constituye con lo que proviene de afuera por identificaciones consecutivas, el yo, en últimas, al principio es el otro. Lacan lo escribe como sigue: " El yo es ese amo que el sujeto encuentra en el otro, y que se instala en su función de dominio en lo más íntimo de él mismo" 37. Esto conlleva a dificultar las relaciones humanas porque siempre va a estar de plano una relación que Lacan nombra como de exclusión, que implica la dialéctica de yo o el otro, inclusive en la relación entre parejas, esto está en juego. Lo explica diciendo que esto es así "porque en el plano imaginario el sujeto humano está constituido de modo tal que el otro está siempre a punto de retornar su lugar de dominio con relación a él, que en él hay un yo que siempre en parte le es ajeno 38" . Esta noción implica que esto se implanta en el yo a la manera de un amo, encima de la amalgama de sus disposiciones, de sus pulsiones, de su deseo.
Lacan en dos puntos de su trabajo resalta la diferencia entre lo que es la agresión y la intención agresiva:
En el seminario Los Escritos Técnicos de Freud (1953-1954), aclara que la agresividad no es la agresión, es más explicita, y que no tienen nada que ver la una con la otra. Hace hincapié que solo en su límite, "virtualmente, la agresividad se resuelve en agresión 39". Vuelve a insistir en la relación de la agresividad con lo imaginario como se había trabajado unas líneas antes.
Hace énfasis en diferenciar la intención agresiva que la ubica inclusive en situaciones como retrasos en las sesiones, las ausencias calculadas, a menudo en las recriminaciones, los reproches, los temores fantasmáticos. Agrega que las manifestaciones violentas son más raras (hablando del acto psicoanalítico).
Asevera que la agresividad intencional mina, roe, disgrega, castra; conduce a la muerte. Afirma que la imagen de una madre o de un padre agresivo causa terribles estragos.
Lacan hace diferencia entre el concepto de intención agresiva y agresión así como con la violencia. Partiendo del punto en que se aclara que la intención agresiva es constitutiva de todo sujeto, incluye los deseos de muerte que un niño haya podido sentir hacia su padre por ejemplo, atribuible al desenvolvimiento de la trama edípica; el empuje de esa tensión agresiva es, inclusive, manifiesta y se puede comprobar fácilmente por ejemplo en los juegos del niño; para su activación, por así decirlo, sólo es necesario cualquier evento que, a veces, puede parecer al azar.
La relación existente entre la ley y el deseo es lo que termina haciendo una hiancia en la trama pulsional mortífera que atraviesa a todo ser humano. Es por ello que Lacan hace la afirmación antes citada, acerca de que, cuando un sujeto "habla" (en el sentido de la palabra plena) hace distancia con la violencia.
En consecuencia a esto Lacan afirma en su trabajo titulado la agresividad en psicoanálisis: "La agresividad, en la experiencia nos es dada como intención de agresión" 40 Explica que esta puede ser leída en cantidades de actos cotidianos del humano incluye los temores, los reproches, hasta las explosiones de ira, etc. Aclara que inclusive tiene una cierta eficacia para el psiquismo su expresión.
Añade que una forma de expresión particular de la agresividad son las imagos del cuerpo fragmentado eviscerado, mutilado o castrado y lo resalta con una anotación sobre la incidencia de esto en la infancia la cual puede ser fácilmente observable en los juegos.
Dice Lacan: "No hay sino que escuchar la fabulación y los juegos de los niños, aislados o entre ellos, entre dos y cinco años para saber que arrancar la cabeza y abrir el vientre son temas espontáneos de su imaginación, que la experiencia de la muñeca despanzurrada no hace mas que colmar" 41. Aquí la agresividad estaría ligada al plano simbólico.
La agresión, tendencia agresiva o acto agresivo sería ya otra cosa, implicaría la expresión feroz de lo pulsional; así como toda la serie de beligerancias que implican los actos, es decir la agresividad no es agresión, implica más la noción de tensión agresiva; entre tanto que sólo en su límite se resuelve la intención agresiva en agresión y la violencia es correlativa a esta última.
Los esposos Lefort en su trabajo El nacimiento del Otro explican lo que Lacan llamó In-vidia relacionado con eso que hace palidecer al sujeto, la visión de una imagen acabada, completa que se cierre sobre sí mismo, dando el ejemplo del niño pequeño que palidece de rabia porque ve a su pequeño hermanito succionar del pecho de su madre. Aclara que no siempre el objeto es tan claro como el seno materno, no se trata de un objeto codiciable por necesidad, dice Lefort: Todos sabemos que la envidia suele estar motivada por la posesión de bienes que no serían de ninguna utilidad (no son objetos de la necesidad) a quien envidia y cuya verdadera naturaleza ni siquiera sospecha 42. La envidia se caracteriza entonces por pertenecer al campo de lo escópico (pulsional).
La agresividad como síntoma en el niño:
A propósito de la agresión en los niños siempre es pertinente la pregunta de si toda manifestación de esta índole es sintomática, o simplemente se trata de algo estructural y estructurante.
No se puede obviar la tendencia agresiva como algo relacionado con una experiencia fundante de ciertas operaciones lógicas en el humano, inclusive de las expectativas por parte de educadores y padres que a veces pueden llegar a tergiversar situaciones y hasta diagnósticos en el peor de los casos. Pero tampoco, se puede desconocer la instancia del síntoma en la infancia y la posibilidad de la agresividad como tal.
Lacan propone sobre el síntoma en el niño dos posibilidades: El síntoma del niño como respuesta a lo que hay de sintomático en la pareja paterna y en ese sentido representa su verdad. El síntoma en el niño como índice de la subjetividad en la madre, que implica al niño realizando el objeto del fantasma en la madre y cuya función entonces sería la de revelar la verdad de ese objeto. La primera modalidad revelaría una estructura neurótica y la segunda modalidad estaría mas del lado de la psicosis.
La agresividad como síntoma se puede encontrar ubicada del lado de un deslizamiento significante (estructura metafórica o metonímica) o puede estar ubicado como en el niño autista del lado de la autodestrucción y de la auto agresión, o de las agresiones brutales hacia otro sujeto.
La agresividad y el fantasma estructural: Pegan a un niño.
Freud en un trabajo titulado Pegan a un niño: Contrib ución al conocimiento de la génesis de la pulsiones sexuales, de 1919, plantea la constitución fantasmática que le da un peso a la figura del padre ya sea este el biológico o un sustituto en la serie que incluye al maestro (padre del goce). Los tres momentos que Freud destaca a propósito de esta observación son:
uno primero donde el niño ve(espectador) como otro niño es pegado por el padre, ese niño en la serie puede ser un hermano, un camarada, etc. (esto aparece casi siempre ante la introducción de un nuevo hermano en la familia). La intención es vedar al otro como sujeto, Freud le llama "Fantasía de paliza 43" en la que el padre pega a un niño que el sujeto odia, por lo tanto aquí aparece la crueldad; esto es construido inconscientemente, Freud lo descubre en los análisis de adultos neuróticos. Hay aquí un esbozo en la subjetivación en la medida en que el sujeto aparece reconocido por el Otro que pega, y hay alguien un tercero pegado que es desconocido.
En el segundo tiempo de esta fantasía el niño pegado es reemplazado por él mismo dice Freud: su texto es ahora: «Yo soy azotado por el padre 44» a lo que Freud atribuye un innegable carácter masoquista.
En el tercer tiempo existe una trasmudación, aunque Freud aclara que se acerca a la primera, quien pega ya no es el padre entra en esta serie el maestro y pega a varios niños y el probablemente de nuevo es espectador, añade además que con frecuencia los pegados son niños (varones). Acá al contrario de la primera escena hay una des-subjetivación en la medida en que los niños hacen serie y el que pega puede ser cualquiera, solo queda el sujeto como ojo.
Cuando este fantasma estructural está del lado de la neurosis se escucha en los juegos de querellas entre pares, las confesiones de ser pegados, la maestra que pega en el colegio (fantasías) que incluso pueden aparecer en forma de mentiras.
Lacan retoma el legado freudiano proponiendo que este fantasma deja de ser neurótico cuando, "todos los elementos están presentes, pero todo lo que es significación, o sea la relación intersubjetiva, se ha perdido. Lo que podemos llamar los significantes en estado puro se mantienen sin la relación intersubjetiva, vaciados de su sujeto 45". Es el fantasma perverso. Frase enigmática con la que Lacan propone que el sujeto pasa a ser objeto de goce. Enigma que abre la posibilidad de pensar en más de una dimensión en torno del significante agresividad, por el momento es una apuesta.
Capitulo IV
ASUMIR LA CLÍNICA CON NIÑOS
Pensar la clínica con niños, el discurso infantil, lo que esto implica o requiere de quien hace la apuesta de trabajo con niños empuja a una serie de enigmas. A un niño no se le aborda igual que a un adulto, en un niño los recursos simbólicos no son iguales que en al adulto, no se le puede decir a un niño: - diga lo que se le venga a la mente - (asociaciones libres). Aparte de ello hay que pensar que este se encuentra en un proceso de estructuración subjetiva, donde cada palabra, acto o intervención tendrán un efecto estructurante, que puede ser aplastante o constitutivo. En la Clínica con niños no hay algo exacto sobre cómo proceder, cada consulta es un momento en el que puede aparecer lo inimaginable, y que no da para un después. Así, pues ¿Cómo y sobre qué se interviene?
Wittgenstein, citado por Myrta Casas (1999), señala que el niño está ligado estructuralmente a la puesta en juego del lenguaje, puesta en acto del lenguaje que se hace bajo la forma del juego" 46
Situación nueva en el trabajo con niños, a diferencia del adulto, por lo cual el juego debe ser escuchado y se convierte en un elemento crucial para el desarrollo y avance de la clínica. Pero no todo terapeuta está habilitado para ubicarse en ese lugar, ya que en la clínica con niños parafraseando a Jorge Fukelman hay que "ponerse en juego" 47 en tanto que requiere de este otro lugar y se alude a su tránsito por este período evolutivo, ya que para que el juego se desarrolle, la experiencia debe ser sostenida por otra persona, en este caso el analista, que a su vez debe propiciar que el niño produzca un texto con el que se pueda trabajar.
Cabe anotar, como lo señala Myrta Casas, que el "niño en su decir, transcurre entre gestos, juegos y palabras" 48. Dice con el gesto, señal del que enuncia (enunciación), y dice con el acto-juego un decir distinto, inventivo, frente al cual el decir (o el saber) del analista se empequeñece. Es una forma de lenguaje, metáfora viva, el gesto y el juego determinan una imagen para sí y para el otro, hecho que por otra parte no está destinado a desaparecer sino que articulándose cada vez más a la palabra enriquece la comunicación.
Se puede dar cuenta de esta manera como el juego no es solo cosa de niños, hace parte del discurso infantil, lenguaje que da cuenta de sus acontecimientos estructurales, el juego en la clínica posibilita que el analista y el niño puedan comunicarse, comunicar cosas, estados de ánimo o cualquier tipo de sentimientos y emociones.
Esto quiere decir que con el juego un niño escribe, hace cifra, porque transcribe lo real de la percepción en signos de percepción, en sincronía, esto implica sucesión temporal en el presente mediante trasposición de imágenes. Por la figurabilidad el juego expone, muestra, presenta en sincronía y en simultaneidad la posición de un niño. Cuando la escritura que la figurabilidad permite oscila hacia la representación es que algo se significa, hace cuadro o escena bajo una complejidad simbólica.
Myrta Casas Plantea; en el juego que el niño realiza "jugando a ser", en juego , lo que está en juego aquí es su ser siendo, haciendo-se con el Otro que lo mira ser y hacer-se el niño en su acontecer estructural necesita imaginarizar (lo real) para poder disponer en la pérdida, de la simbolización.
Andres Nelken, "El Juego: Divertirse es Cosa Seria", comenta, que las intervenciones, las interpretaciones serán dentro del juego, no fuera del mismo, a menos que sea para establecer algún tipo de relación entre el paciente que juega y el analista. 49
Entonces, ¿Cómo saber el proceder con un niño?, el niño, el proceso psicoterapéutico, su momento, la transferencia con él y los padres; muestra cómo intervenir y cuando, el niño posee cierta sensibilidad que requiere mucha "prudencia" en su proceder como analista. Es aquí donde la escucha y el ponerse ahí en la capacidad de jugar permitirá que algunas cosas puedan movilizarse, desanudarse o anudarse, y poder realizar una lectura de lo que ocurre en el niño.
Carlos Eduardo Tkach, plantea en su clase, "Juego y sujeto supuesto saber" , "El juego aparece como un dispositivo que se utiliza para el trabajo de análisis, esto es importante para no hacer del análisis del juego una terapia lúdica, sino que el dispositivo analítico tiene que ver con un aprovechamiento de la situación del jugar a los fines del trabajo analítico." 50
Cristina Marrone en su trabajo titulado "El estatuto del inconsciente en la clínica con niños" propone: "El juego se enlaza finamente al estatuto del inconsciente en la clínica con niños y nos muestra al inconsciente espejeando y próximo, o sea, lejos de constituirse como cadena de saber.
Desde este ángulo y en lo esencial el juego es un artificio que con su hacer produce contrainvestidura. Es el viaje del Otro hacia el otro, en el que sedimenta la represión primaria. 51
Su afirmación ubica el juego como ese espacio de ilusión y fantasía en la cual el niño va tramitando su separación de la alineación al Otro, en la medida en que lo simbólico se constituye en una trama, en un tejido que hace interdicción al goce.
No se puede dejar por fuera la noción de que el juego atañe a una renuncia a la satisfacción directa pulsional, el acceso a la cultura, al Otro, el lugar del advenimiento del sujeto, por efecto del significante y a la capacidad creativa.
El juego es un espacio de representación constituido por la dinámica del significante donde las vías de la demanda condescienden a la creación de lo que no está. Es la insistencia pulsional, la repetición que esta instaura en pos de alcanzar la satisfacción que renueva cada vez el circuito, es por ello que un niño puede pedir que un juego se repita hasta el cansancio del adulto pero a él parece no cansarle.
Sí: Jugar supone un espacio donde muerte y sexualidad quedan en suspenso, antes de lo puberal" 52, y como plantea Lacan, el niño no tiene acceso al concepto, por lo tanto, por más que se cumpla la ley paterna esto queda a la espera. Luego del pasaje puberal el sujeto se verá desafiado a dar respuesta de su deseo, por ahora es la instancia parental quien regula la incidencia de la presencia de lo real del sexo y muerte.
Jugar es sin consecuencias, ya que una nena podría decir "dale que yo estaba embarazada" "jugar a la mamá", pero, el juego la exonera de tener que arrogarse dichos efectos en lo real.
Partiendo de la premisa: "no hay niño que no juegue, lo que a veces puede ocurrir es que uno no sepa de qué la juega". El juego en últimas es lo que protege al niño de los efectos de lo pulsional de los adultos y en este sentido opera como una valla 53. Se puede resaltar con respecto a la lectura del juego es cuáles son estos fines, o hacia dónde se dirige el trabajo, lo que no es lo mismo que preparar el juego, pues un niño no admite protocolo, sesiones o juegos preparados, se trabaja con lo que él demande trabajar, se proponen algunas alternativas, teniendo en cuenta lo que se está abordando en ese momento, o se retoman juegos o dibujos de sesiones anteriores, pero siempre sobre la base de su deseo. Es importante marcar en el niño, ( y sus padres) que lo que se hace en consulta es un trabajo sobre las cosas que le pasan como sujeto, en proceso de estructuración, con el fin de re-ordenar algo de su historia y hacer un movimiento hacia el deseo en el niño.
La clínica con niños suscita muchas discusiones, lo que no se puede desconocer es que cada encuentro es una intervención analítica, que le permite al niño producir nuevos recursos simbólicos que renueven la distribución productiva del goce y le permitan construir un discurso más allá de la palabra del Otro. Ahora, ¿de qué habla un niño en un análisis? El niño según Lacan habla a la Cantonade 54, término francés que en español es traducido aproximadamente como: "entre bambalinas", lo que es tomado como hablar en voz alta, contando con la existencia del Otro, pero dirigido a nadie en particular, es como si se hablara a un personaje pero este estuviera excluido de la escena y al mismo tiempo se contara con su existencia.
Hay niños que juegan, otros quieren hablar, otros que incluyen al analista en el juego, habrá otros que no; para esto es la escucha de un analista. Este debe saber que hace más aún en el trabajo con un niño. Lo importante será siempre que se propicie la manera de que el niño produzca un texto con el cual se pueda trabajar.
El niño emite un texto, ya sea en el juego, el dibujo, el modelado, formas todas de expresión que el terapeuta debe promover, ya que para que el juego se desarrolle, la experiencia debe ser sostenida por otra persona, en este caso el terapeuta. Cabe anotar, como lo señala Myrta Casas, que el "niño en su decir, transcurre entre gestos, juegos y palabras. Dice con el gesto, señal del que enuncia (enunciación), y dice con el acto-juego un decir distinto, inventivo, frente al cual el decir (o el saber) del analista se empequeñece. Es una forma de lenguaje, metáfora viva, el gesto y el juego determinan una imagen para sí y para el otro, hecho que por otra parte no está destinado a desaparecer sino que articulándose cada vez más a la palabra enriquece la comunicación55".
Esto interroga sobre el lugar del analista, en la clínica con niños, el analista debe promover que el niño exprese en transferencia, sus significantes a través del juego, la escritura, el dibujo y la palabra, así el analista se posiciona en su escucha, permitiendo un cambio en la posición subjetiva del niño, o que este pueda emerger como sujeto, para él y para sus padres.
Se trata que el niño pueda separarse del goce de la madre, y ubicarse en el camino para constitución como sujeto deseante, o para que quede abierta la posibilidad de análisis en otro momento.
La clínica con niños suscita muchas discusiones, lo que no se puede desconocer es que cada encuentro es una intervención analítica, que le permite al niño producir nuevos recursos simbólicos que renueven la distribución productiva del goce y le permitan construir un discurso más allá de la palabra del Otro.
El dibujo en los niños:
Si el dibujo es una representación, representa la representación que no hay, mostrando con lo que vela la eficacia de una pérdida. El dibujo, cuanto más realista, más se propone la pérdida de lo real, ofrece la buena forma hasta el límite que desborda el goce no castrado por falla en la represión fundante 56.
El dibujo pone manifiesto las operaciones irrealizadas en los tiempos de asunción de lo imaginario, lo malogrado de la consistencia y los desgarros o in acabamientos en la constitución del cuerpo como propio, es por ello el afán en la Psicología y los psicopedagogos por el dibujo de la figura humana. No es un simple capricho el dibujo del cuerpo da cuenta del agujereamiento de lo simbólico en el cuerpo real.
Los trazos iniciales que los niños realizan en el papel o las paredes para alarma de los padres, ya garabatean otra superficie para el sujeto. La marca inaugura una primer distancia del objeto, cuando el cuerpo aún, no otorga a la mano la firmeza del trazo o cuando la motricidad llamada fina aún está ausente. El trazo ya busca un rasgo distintivo para el sujeto que así halla inicio a su ex-sistencia 57.
Cuando el no recorte del espacio está inconcluso y el "Inwelt" y el "Unwelt" no se han separado el niño deja sus señales de esto en las superficies menos deseables para el Otro. Paredes, pisos, mesas, no son lugares electivos sino más bien producto del no recorte del espacio. Producto del cuerpo aún no representado, acotado, logro especular que debe terminar de cerrarse con la efectividad de la castración y permitirá entonces un marco, un límite. Este límite implica el adentro y el afuera, igual el continente y el contenido. Implica la posibilidad de reconocimiento de un borde, de un marco.
Esto implica la expulsión de lo real del goce de esos primeros tiempos del infans a través de la operación de incorporación del lenguaje, luego de esto adquirirá la forma, (la gestalt) y se comenzará a diagramar un marco para el despliegue del deseo: Dibujar la buena forma, lograr la gestalt requiere de pérdidas sucesivas y reiteradas. Para dibujar algo reconocible a la evidencia, es necesaria una operación de ocultamiento, de producción de velo. El trazo simbólico es solidario de la función de la metáfora, es promotor también de un desconocimiento 58:
Cuando un niño produce un dibujo en consulta, hay allí un producto en transferencia, ese dibujo, ese producto es un llamado a una lectura que produzca un vacío que libere al sujeto de los efectos de esa producción inconsciente. Alba Flesler propone que Si en el avance el dibujo llega a un punto donde el trazo se detiene, muestra el sitio de fracaso del sujeto. Leer será, reinterrogar el sentido que cierra al sujeto la posibilidad de apertura de una nueva significación 59.
"En los tiempos instituyentes será con sus recursos escriturales que se dará a leer el sitio donde la letra en suspenso retiene al sujeto en la opacidad del goce. Leer un dibujo, ha de ser una de las vías posibles de liberación de la letra en los tiempos de la infancia" 60. La lectura de los dibujos, puede ser una de las vías posibles (aunque no la única y a veces para algunos niños será negada) de emancipación de la letra en los tiempos instituyentes de un sujeto.
¿Hay transferencia en el niño?:
Anna Freud, basó los principios de su análisis de los niños en afirmaciones como esta en el niño no puede producirse transferencia, o al menos neurosis de transferencia. Al estar los niños todavía inmersos en la situación creadora de la tensión neurótica, en la relación primaria con los padres, como todo esta aún en juego, según ella no puede haber transferencia propiamente dicha. En consecuencia según ella dado que los niños todavía están en relación con los objetos de su vínculo inaugural, el psicoanálisis al tratarse de niños ha de cambiar de posición y modificar profundamente su técnica, porque en este caso debe actuar enteramente en el plano actual.
Sin embargo, también la misma Anna Freud plantea la función esencial de la palabra en la relación analítica, dice: El niño está en una relación con la palabra distinta de la del adulto, y hay que aprehenderla con la ayuda de los medios del juego, la técnica adecuada en su caso. La situación no permite al analista ofrecerse al niño en la posición de neutralidad o de receptividad que busca ante todo acoger la palabra, debe más bien propiciar y permitirle que se despliegue y, dado el caso, ser su eco. Esto es sumamente importante porque si se indica la entrada del analista en una relación distinta que la relación de la palabra.
Melanie Klein argumenta, por el contrario, que no hay nada más semejante al análisis de un adulto que el análisis de un niño, y que incluso a una edad extremadamente precoz, lo que está en juego en el inconsciente del niño no tiene ninguna relación, contrariamente a lo planteado Anna Freud, con los padres reales.
Vale la pena revisar estas cuestiones una por una, ¿hay transferencia en el niño? Si bien es cierto que para que haya transferencia propiamente dicha debe establecerse el sujeto supuesto saber y que para ello algo en la estructura debe haber cerrado, un sujeto no está estructurado desde siempre de la misma manera, la estructura digamos sellada después de la adolescencia no tiene la misma estructura valga la pena la redundancia que la estructura no sellada: los significantes S , S2, el goce con respecto a los diferentes objetos y la posición del sujeto frente a estos y estamos hablando del fantasma, etc. La consulta para el niño siempre la hace el Otro, el niño llega porque es Otro el que se inquieta. Esto hace harto complicado pensar la cuestión de la transferencia en el niño, pero se puede partir de un primer punto de claridad, considerando que en tanto que los síntomas provienen del campo del Otro, no hay neurosis de transferencia, por lo tanto no se va a encontrar a un niño que diga: "no sé qué pasa pero cuando voy donde esa analista salgo pensando que me siento peor.". Para el niño la neurosis de trasferencia se juega con los padres fuente de todo saber. Esto no quiere decir que no hay transferencia en los niños (con el analista) e inclusive no solamente en el sentido del amor de transferencia, sino también en el sentido de repetición; sí un niño "se dedica" a sostener la falta del Otro de una cierta forma, igual lo repetirá con el analista. Una viñeta clínica ejemplifica esto:
Patricia Ramos una analista argentina realiza un comentario acerca de una pequeña que había escuchado a su madre que cuando estando ella bebita la madre se le habían enredado los pies y se había caído con ella en brazos. La nena queda con la preocupación de lo que le enreda los pies al Otro y un día en que la analista la encuentra enferma y le pregunta que si quiere que vaya a verla a su casa la