Investigación à Psicoanálisis

Trabajos de Investigación Clínica y de Inserción del Psicoanálisis en diversas Áreas Temáticas
Problemas contemporáneos en la clínica de las neurosis

El deseo evanescente

Macarena Martinez Molinelli

licpsicomartinezm@yahoo.com.a

Buena voluntad
Llamaré al paciente E. Al momento de la consulta tiene 65 años. Casado con L. con  quien tiene 4 hijos. Convive con su mujer y una de sus hijas. Es profesor de literatura y habla varios idiomas.
Consulta por recomendación médica, ya que tuvo algunos cuadros depresivos y recientemente un cuadro de estrés, y el médico le recomendó que haga tratamiento psicológico.
E. se presenta como alguien que no cree en la ayuda de un tratamiento psicológico, que tiene prejuicios al respecto, pero que como su médico se lo recomendó, tomó la decisión de venir y poner “buena voluntad”  con el tratamiento.
Dirá, “Tuve dos episodios depresivos, el primero hace dos años, lo atribuyo a un cuadro familiar extraordinariamente complejo”, “Muere mi madre, a mi suegra le encuentran un carcinoma y mi mujer con un linfoma, todo simultáneamente”. “Durante el episodio no pasó nada, y después que murió mi madre y mejoró mi suegra y mi mujer, decliné”. Refiere que fue recién cuando su madre muere y  su suegra y su mujer se curan que el cae en un estado depresivo. Pero que mientras ellas estaban enfermas él iba y venía para cuidarlas y ahí estaba bien.
Respecto de lo que él llama su segundo episodio depresivo, dirá: “Ocurrió  que se cortó, dejaron de traerme libros”, se refiere a que hubo un cese en los pedidos de traducciones, dejó de tener trabajo.
“Empecé a no saber que hacer con mi tiempo”, “Ahí volvió el tema este de la depresión”.
Al iniciar una de las primeras entrevista E. me dice “De la sesión anterior me intereso algo que usted me dijo” Le pregunto a qué se refiere, me dice “Ante mi pregunta por si se podía hacer algo, usted me dijo de manera clara y segura que sí, pero también me dijo que tenía que poner de mi parte”.
Durante el transcurso del tratamiento dirá en varias oportunidades que él se está esforzando, que no falta al tratamiento. Pienso en cómo se ha ubicado E. en el tratamiento, que él dice hacer por “buena voluntad”, porque se lo indicó su médico.
En varias oportunidades hablará de “Hacer los deberes”. “Hoy no hice los deberes para usted”, dice en una entrevista. Cuando lo interrogo sobre esto, dice que se refiere a que no ha pensado en que iba a hablar en su sesión.
Le señalo que sería mejor que el pudiera venir sin preparar algo para decir, y poder hablar de lo que le surja en el momento en cada entrevista.

¿Qué hacer con el tiempo cuando no es demandado por el otro?
Los dos momentos en que E. ubica sus episodios depresivos ocurrieron ante un cese de la demanda.
El neurótico obsesivo evita la angustia rebajando el deseo a la demanda, se convierte en un esclavo de la demanda del Otro. Se podría pensar que a E. lo ha tranquilizado en su vida trabajar para el Otro, estar bajo la égida de la demanda. Estaba aliviado de cualquier punto de angustia cuando ayudaba a su madre, a su esposa y a su suegra. Cuando ya no es requerido para cuidar de ellas, aparece la angustia, E. ya no sabe que hacer con su tiempo.
En una entrevista dirá “No imagino una vida sin nada para hacer”.
Respecto de la dificultad de E. para  encontrarse con un tiempo para él, también  ubico un momento en que E., habla de su trabajo y comenta que hasta cierta hora fue un día aburrido  que no sabía que hacer y luego “se armó un lío bárbaro” y tuvo que resolver ciertas cuestiones y ahí se sintió mejor,  “Como un bombero apagando fuegos” dice, expresión que ya había utilizado en otra oportunidad al referirse al momento en que su mujer y su suegra estaban enfermas y él acudía a ayudarlas.

La hazaña obsesiva
En una oportunidad E. llega a su sesión y me comenta que ha decidido renunciar a su trabajo, “Les ofrecí mi renuncia”. Me sorprendo y le pregunto qué ha ocurrido, por qué ha tomado esa decisión.
Dice “La suma de presión de la situación y la suma de digamos un deber de agradecimiento”.
Me comenta que en su trabajo “Están en una situación económica bastante mala” y que él piensa que van a necesitar reducir el personal, “Deben estar queriendo hacer números”.
E. considera que renunciar es una forma de agradecimiento hacia sus jefes, cree que un sueldo menos, será positivo para la editorial. Lo habla con el hijo del jefe y le avisa que tendrá una reunión con su padre en la cual le ofrecerá su renuncia.
 Me pregunto ¿Al modo de la hazaña obsesiva de la que habla Lacan?
En su seminario 5, clase XXIII, Lacan, menciona la oblatividad como un fantasma obsesivo. “Salvar al otro es, ciertamente, lo que está en el fondo de toda una serie de ceremoniales, de precauciones, de rodeos, en suma, de todos los tejes manejes del obsesivo… Su objetivo esencial, no hay duda, es el mantenimiento del Otro”.

La pérdida del lugar del objeto que se era para el Otro.
Lacan en el seminario 5 , en la clase “El obsesivo  y su deseo”, señala que el obsesivo tiene necesidad de un deseo insatisfecho. O sea, de un deseo que está más allá de una demanda. Resuelve la cuestión de la evanescencia de su deseo produciendo un deseo prohibido. Se lo hace sostener al Otro, precisamente mediante la prohibición del Otro. La prohibición está ahí para sostener el deseo.
E. dice haber tenido un gran fracaso en su vida, la relación con su madre.
Cuando lo interrogo por esto, dice “Siempre tuve una relación difícil, ella tenía un carácter muy fuerte, muy dominante autoritaria, siempre quiso imponerse”, “Ella era negativa, una topadora, pasaba por arriba de mi padre y de mi también”.
Cuenta que su madre quería que él fuera bancario, “Era su desiderátum”, y él no le hizo caso y estudio el profesorado de literatura que era lo que él deseaba.
Respecto de su infancia comenta que  nunca se sintió valorado por su madre, que él era buen alumno, pero que su madre siempre estaba comparándolo con otros niños diciéndole que ellos eran mejor que él. Cuando conseguía algún logro académico, alguna mención o reconocimiento en el colegio, se cuidaba de ocultárselo a su madre.
E.  refiere que con su padre tenía una buena relación.
Dirá de su padre: “Siempre apoyaba, en un segundo plano, me llevaba muy bien”,  “Mi constitución está legada a mi viejo”, “él era albañil, pero tenía sus pasiones secretas”.
Lo interrogo sobre esto y dice, “Le gustaba el ballet, el cine, pero en el ambiente en que él trabajaba, de albañil, no podían compartir con él”. “Y con mi madre tampoco”.
Cuenta que cuando podía su padre “se escapaba” y se iba a hacer solo estas actividades que tanto le gustaban. Lo describe como  alguien que mantenía oculta sus pasiones y se sometía a la autoridad de su esposa.
E. parece  haber podido correrse de la demanda materna y haber logrado objetivos propios. A pesar de esta demanda de su madre, E. pudo estudiar el profesorado de literatura que era lo que él deseaba. Pudo ir más allá de lo que su madre quería para él.
“Él se sometía (refiriéndose a su padre) y yo la enfrentaba”.
En una entrevista E. habla de que a lo largo de  su vida ha tenido lo que él llama “Una cadena de intereses que se renovaban”, se refiere a cosas que le gustaba hacer, como ir al cine, coleccionar poemas en una carpeta, comprar pinturas de cuadros famosos y encuadrarlas, pero dice que desde hace un tiempo que esta cadena de intereses se cerró, que no se renovó, que ahora no está interesado por nada.
Lo interrogo  ¿cuánto tiempo hace que ocurrió esto, que esos intereses desaparecieron?
Dice, “Hace dos años”
Intervengo, ¿Y hace cuánto que murió su madre?
“Dos años” dice sorprendido, “no me había dado cuenta de esto”, corto la sesión.
Me pregunto que habrá ocurrido con este paciente cuando muere su madre, tomando lo que Lacan dice sobre el duelo, en cuanto a hacer el duelo por el lugar de objeto que se era para el Otro.
“Una vez que se muere siento una suerte de aflojamiento”. El lugar del sujeto se conmueve con esa pérdida. Parecería que la muerte de su madre ha producido una deflación de su deseo.  Se podría pensar que mientras  vivía la mamá se peleaba con ella, muerta la madre sequeda como perdido.

De la buena voluntad a alguna  posibilidad deseante.
Transcurridos  once meses de tratamiento y, en relación a como se ha desarrollado el mismo, decido, luego de un control, darle al paciente el alta institucional por finalización de tratamiento.
Pienso en que el alta institucional cumpla la función de un corte, que pueda abrir a otra cosa.
En las últimas entrevistas E. dice sentirse mejor y me comenta, como algo que él considera importante y una muestra de que está mucho mejor, que,  días atrás, sintió ganas de proponerle a su mujer ir de paseo un sábado por la tarde.
Siendo que la mayoría de los fines de semana decide dormir y no aprovecha el día y luego se queja de esto, parece dar cuenta de cierto movimiento deseante.
En la última entrevista, habiendo decidido ya que ese día le daría el alta, retomo esta cuestión de que vayan apareciendo en él ganas de hacer cosas que le gustan.
E. me dice que “primero está la voluntad, después aparecen las ganas de hacer algo”.
Le digo que a él lo a traído a tratamiento la voluntad de cumplir con lo que su médico le dijo y que si en algún momento él decide por su cuenta que tiene ganas de continuar trabajando algunas cuestiones en este espacio puede llamarme y retomar.

Lic. Macarena Martinez Molinelli


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