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Número 2 - Marzo 1999

Tiempo libre: Tiempo de crecimiento
Importancia y significado en la vejez

Lic. Norma L. Tamer

ntamer@unse.edu.ar

Un tema que cada vez adquiere más importancia es la consideración del llamado "tiempo libre" de las personas. Su significación, de manera particular, en la vejez según los tiempos actuales y las características de nuestra sociedad contemporánea, se convierte en una preocupación no sólo para el grupo etario en sí y para cada persona que lo constituye sino también para la sociedad y su manera de enfrentarlo.

Si estamos de acuerdo en afirmar que cualquier reflexión sobre nuestras realidades está coloreada por la manera como pensamos al hombre, esclarecer el sentido del tiempo libre en las personas y, en particular en el curso de la vejez, nos lleva, necesariamente, a advertir que ello depende en primer término de la concepción explícita o implícita que tengamos de la persona inserta en su contexto histórico-cultural.

La existencia humana tiene un cuándo y un dónde. Tiene un cuándo desde que aparece en el mundo; tiene un dónde, un espacio donde se desarrolla su propia vida. Por ello, podemos decir que tiempo y espacio hacen la existencia.

En tal sentido, si intentamos el abordaje de nuestra realidad planetaria desde un nivel omnicomprensivo como es el de la cultura, que de alguna manera todo lo involucra, adquirirá pleno sentido el referirnos a la masificación, la globalización y la deshumanización como hechos de candente actualidad íntimamente entrelazados y que repercuten en el acontecer de las personas y su mundo de relaciones a cualquier edad y en cualquier circunstancia.

El hombre contemporáneo está en una encrucijada. Su drama consiste en haber quedado írremisiblemente atrapado entre dos eras o edades. Si bien en el orden cultural siempre hubo pluralidad de interpretaciones, ocurre que ahora parece haber desaparecido todo un substractum común. La disociación se ha profundizado, la incompatibilidad de las filosofías se ha hecho extrema a la vez que la cultura, como estabilizador y freno, se ha debilitado ya que hay una explícita voluntad de ruptura con toda continuidad cultural anterior que se manifiesta en un proceso de incertidumbre y de vacío, desconcierto y búsqueda.

Estamos en medio de una coyuntura cultural que nos exige una profundización y clarificación de la situación del hombre inmerso en nuestra época ya que todo hombre necesita vivir - como decía Ortega y Gasset- "a la altura de las ideas de su tiempo".

Mucho se ha hablado y escrito en torno al tema de la crisis. En este sentido es esclarecedor lo que Ortega afirma en su obra En torno a Galileo al decir que hay crisis histórica cuando el cambio de mundo que se produce consiste en que, al mundo o sistema de convicciones de la generación anterior sucede un estado vital en el que el hombre se queda sin aquellas convicciones, por lo tanto, sin mundo.

El mundo en crisis es fundamentalmente crisis de valores y éste es el signo que tonaliza, en gran medida los acontecimientos humanos en estos tiempos y que determina esa explícita voluntad de ruptura con el pasado cultural.

Se han roto los puentes con el pasado en consecuencia, el hombre vive la mera momentaneidad, se entrega a la situación y al azar.

Nuestro hombre de fin de siglo ha quedado y se siente como a la intemperie, sin nada muy concreto en donde hundir su raíz y crear su destino. Sin un repertorio de ideas firmes e imbatibles sino más bien con una conciencia disipada y dispersa, hueca de contenido.

El hombre individual que cada uno es, está tan mal equipado espiritualmente que es alguien proclive en convertirse en hombre masa, es decir, a sumarse al proceso de indiversificación que arrolla todo lo diferente, singular y selecto.

"Quien no quiera como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo corre el riesgo de ser eliminado, dice Ortega. Hay un proceso de desindividualización reforzado porque en la sociedad tecnológica que nos enmarca pareciera que cada hombre es considerado sólo como función.

Así lo dice también Marcel en su libro Filosofia para un tiempo de crisis en que nos advierte acerca de la desorbitación total de la idea de función. El hombre está visto como función: función consumidor, función productor, función ciudadano, etc. También el tiempo libre, el descanso, está visto como función.

Pérdida de valores, debilitamiento espiritual, masificación, fragmentación, globalización, desindividualización, funcionalización, determinan hoy y se entretejen con un hondo proceso de deshumanización una de cuyas manifestaciones tiene que ver con la racionalidad tecnológica que ha revolucionado el campo laboral y ocupacional sometiendo al hombre a formas de mecanización y robotización crecientes que contribuyen a su despersonalización, a su alienación y a la pérdida de su necesario contacto humano familiar y social.

También trajo aparejado la incrementación del tiempo libre, de ocio, que más que vivirlo de manera creativa y personalmente enriquecedora, lo desorienta y atemoriza frente al extraordinario desarrollo industrial y al capitalismo exacervado que lo empuja cada vez más a una sociedad consumista, que hace del poderío económico y del exitismo valores ejes incuestionables.

Resulta sumamente ilustrativa la reflexión que Erich Fromm hace sobre el sentido del tiempo libre en la sociedad contemporánea:

"la actitud enajenada hacia el consumo no existe únicamente en nuestro modo de adquirir y consumir mercancías, sino que, además de eso, determina el empleo del tiempo libre. Si un hombre trabaja sin verdadera relación con lo que está haciendo, si compra y consume mercancías de un modo abstractificado y enajenado, ¿cómo puede usar su tiempo libre de un modo activo y con sentido? Sigue siendo siempre el consumidor pasivo y enajenado. "Consume" partidos de béisbol, películas, periódicos y revistas, libros, conferencias, paisajes, reuniones sociales, del mismo modo enajenado y abstractificado en que consume las mercancías que compra. No participa activamente, quiere tener todo lo que puede tenerse, y gozar todo el placer posible, toda la cultura posible y también todo lo que no es cultura. En realidad no es libre de gozar "su" tiempo disponible; su consumo de tiempo disponible está determinado por la industria, lo mismo que las mercancías que compra; su gusto está manipulado, quiere ver y oír lo que se le obliga a ver y oir; la diversión es una industria como cualquier otra, al consumidor se le hace comprar diversión lo mismo que se le hace comprar ropa o calzado. El valor de la diversión lo determina su éxito en el mercado, no ninguna cosa que pueda medirse en términos humanos" (1).

Vincular tiempo libre con consumismo es correr el riesgo de que, al igual que en otras situaciones propias del obrar humano, se refuerce la desintegración del hombre y nos enfrente a la dialéctica del ser-tener. Sin embargo, es esta concepción del tiempo libre la que va ganando cada vez más terreno en una sociedad en la que prima el consumo y lo superfluo sin dejar de suscitar, al mismo tiempo, la cuestión de cuánta libertad permite.

Cuando en este contexto se habla en favor de una "apelación a la libertad, bien entendida", de emprender "todo lo humanamente posible, en un sentido educativo, para evitar los peligros y aprovechar las oportunidades" que genera el buen uso del tiempo libre, se recurre conscientemente a una argumentación que no se limita a la perspectiva económica o funcionalista (tener/poseer) sino que se basa con toda claridad en reflexiones antropológicas (ser)

Si entendemos el devenir humano como posibilidad de un permanente e inacabado crecimiento hacia la plenificación, resulta decisivo que en el irreversible movimiento de la vida, cada persona se actualice en su singularidad y unicidad. Para ello, tanto el tiempo de obligación como el tiempo libre debieran ser oportunidades existenciales de crecimiento pues, en definitiva ambos, conjuntamente, constituyen el tiempo de vida. Este enfoque nos advierte la necesidad de tomar conciencia de su administración de manera significativa, lo que coadyuvará a que todo quehacer se convierta en responsable y ético.

La cuestión del tiempo libre adquiere un significado especial en las personas mayores próximas a su jubilación y, en particular, en las ya jubiladas, quienes disponen de uno de los valores más codiciados mientras transcurre el tiempo "de obligaciones". Sin embargo, cuando el retiro laboral es vivenciado como una "jubilación social" las personas mayores experimentan un sentimiento de distanciamiento en relación con la corriente de la vida de su grupo de pertenencia. Este retraimiento del contacto con el entorno se traduce en un empobrecimiento de su tiempo libre que, ahora, ocupa la casi totalidad de su tiempo de vida.

El tedio y la soledad son dos dimensiones íntimamente ligadas en la vida de las personas mayores. Ante ello, muchas veces desde una mirada asistencialista se ofrece toda clase de medios y estrategias para "conservarlos activos" de lo cual resulta sólo un activismo despersonalizante o de mera "productividad" pero inmovilizador de auténticas transformaciones.

El curso vital de la vejez, como cualquier otro tramo existencial del devenir humano y, aún más, requiere del desafío de propuestas significativas para el tiempo libre que, al ser generadoras de nuevos aprendizajes promuevan también espacios reales para expresarse como ser diferente, a afirmarse en su originalidad y en su unicidad.

Ante ello, se advierte la necesidad de superar la actitud expectativa de las personas en su tiempo libre con una oferta más bien ordenada a tareas llenas de posibilidades de vivencia. Desde una perspectiva formativa y personalizante del tiempo libre, es válido distinguir entre una organización de carácter centrífugo y otra, centrípeto.

La primera de ellas es la que privilegia todas aquellas actividades que llevan a la persona mayor a huír de sí mismo lo cual se da, fundamentalmente por temor al vacío interior, por temor a verse enfrentado con ese vacío. Son las que llevan a "ocupar" compulsivamente el tiempo libre. En esta situación, el gran riesgo es que quieran "matar el tiempo" a través de un activismo social que disfraza más bien una concepcion de desapego o separación al mismo tiempo que se refuerza una "distracción" exagerada del sí mismo y de su tendencia a la interioridad. También puede derivar en alguna de las diversas formas de asistencialismo.

En contraposición, una organización centrípeta del tiempo libre y por consiguiente personalizante, es aquélla que la lleva hacia sí, la hace volver sobre sí. No se halla al servicio de la distracción sino de la concentración y la actividad interior. Es la que convoca a re-significarse en su nueva realidad: consigo mismo, con los otros, con el mundo. Lleva a re-descubrir "su mundo" en "el mundo" y a re-conocer la existencia de una riqueza interior aún no manifiesta, pero con potencialidad suficiente para generar nuevos modos de expresión, nuevos estilos de vinculación generacional e intergeneracional.

Para escapar del tedio y de la soledad los mayores no necesitan meras actividades heterocondicionadas sino actividades que tengan sentido para ellos, que sean verdaderos estímulos en cuanto significan una forma real de pertenencia social, de participación, de expresión, de ampliar y profundizar su interés por permanecer vitales frente a su devenir personal.

Así, es dado afirmar que en el tiempo de la vejez, la continuidad en el crecimiento personal es posible. Son tres los caminos para ello y tienen que ver con tres categorías de valores, creativos, vivenciales y de actitud:

El tiempo libre en la vejez puede ser un tiempo vital si es percibido:

El intento del precedente análisis antropológico y hermenéutico, en relación al tiempo libre en las personas mayores, tiene por objeto derivar de allí los fundamentos para una práctica que considere tanto su contenido como su modo de ocuparlo significativamente, de manera tal que se constituya como tiempo de re-capitulación e integración de una vida centrada en la búsqueda del sentido y orientada hacia nuevos roles y quehaceres vitales.

De acuerdo con ello, el tiempo libre es el momento propicio para la expresión de una interioridad asumida e impulsada a la reestructuración cualitativa de las actividades personales y sociales. Tiempo fructífero para la comunicación entre la realidad de las personas mayores con la sociedad que los contiene.

Para hacer esto posible es necesario que la vejez instale "su lugar propio" de expresión en esta sociedad de fin de siglo y tenga la oportunidad para dar y recibir a través de un diálogo personalizante y fecundo por el cual su tiempo de vida tenga sentido y valor.

Notas

(1) E.Fromm. Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. Hacia una sociedad sana. FCE,1990 págs.117-118

 

Referencias Bibliográficas

Buber, Martín. Yo y Tú. Galatea.Nueva Visión. Buenos Aires, 1960

Frankl, Viktor. La voluntad de sentido. Herder, Barcelona. 1991

___________. Psicoterapia y humanismo. ¿Tiene un sentido la vida?. Fondo de Cultura Económica. México, 1992

Fromm, Erich. Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 1990

____________. ¿Tener o ser? Fondo de Cultura Económica.Buenos Aires, 1991

Minsburg, N –Valle, H (editores) Impacto de la globalización. La encrucijada económica del Siglo XXI. Edic. Letra Buena. Buenos Aires, 1995

Monk, Abraham. Actualización en Gerontología. AGA – Asociación Gerontológica Argentina. Buenos Aires, 1997

Munne, F. Psicosociología del tiempo libre. Un enfoque crítico. Trillas. México, 1980

Ortega y Gasset, José. Obras Completas. Revista de Occidente. Alianza Editorial. Madrid, 1983

Salvarezza, Leopoldo (compilador) La vejez. Una mirada gerontológica actual. Paidós.Buenos Aires, 1998

Tamer, Norma. El envejecimiento Humano. Sus derivaciones pedagógicas. Interamer 51. Serie Educativa. OEA - Organización de los Estados AmericanosWashington,1995

Touraine, Alain. Crítica de la Modernidad. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 1994

 

 

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